– ¿Cómo se te ocurrió una novela sobre Esteban Echeverría, un personaje tan poco habitual en las conversaciones de los últimos tiempos?

– De casualidad, francamente. Hace un par de años estaba en un momento en que no estaba escribiendo nada en particular, tenía ganas contar una vida pero no sabía cuál. En un momento que estaba en la feria del libro de Guadalajara, México, y me quedaban diez minutos antes de la presentación y estaba el libro "El Matadero" en una colección de clásicos y lo agarré y empecé a leerlo. No lo veía desde la escuela, cuando te lo hacían leer casi por obligación, y me interesó mucho, ví que era una gran crónica, la primera gran crónica argentina, porque es de 1830 y tantos. Y lo seguí leyendo y me siguió interesando, y ví que era además muy antiperonista, lo cual tenía su mérito, el primer texto antiperonista mucho antes de Perón. Y me interesaron esas dos cosas. Yo había vivido en la calle Echeverría, era un nombre que me importaba, pero no tenía mucha idea de quién era el personaje. Recordaba su retrato con la barba en u, la barba unitaria. Y cuando empecé a mirar un poco su vida, me pareció muy fascinante por varias razones, y sobre todo por su ambición de inventar una literatura argentina.

– Lo interesante es que sos crítico de las novelas históricas, y lo expresás en la misma novela que también es una novela histórica

-Efectivamente, la idea novela histórica tal como está encarada, tal como se encuentra en las librerías donde dice "novela histórica" me parece un recurso un poco fácil. Eso de situar un best seller muy común en alguna otra página anterior del manual de historia.

– Vos criticas eso de que leer una novela para que sirva, para conocer un poco de historia, sin tomarse el tiempo de estudiar.

-Sí, esta idea de que una novela histórica es un poco melodrama, un poco culebrón, pero te da la idea de que es serio porque aprendiste algo de los romanos.

-¿Cuántas novelas escribiste?

-Creo que Echeverría puede ser 11º o 12º.

-¿Y libros en total?

-Como 30, o más.

-Tenés crónicas, tenés dos de fútbol. También escribiste algo con tu hijo

-Sí, hice dos libros sobre Boca. Una adaptación de la historia de Boca Júniors para una colección infantil, que la hice con mi hijo, que tenía por entonces 16

-Te quiero decir que yo leí algunas páginas de "La Historia", algún día te voy a pedir que me firmes mi ejemplar.

Es una novela como de 1000 páginas, es el libro que a mí más me importa haber escrito, y en mayo del año que viene, Anagrama va a reeditarlo en España, aquí y en algún otro lado, y la tuve que volver a leer, y te aseguro que es de lo más extraño que leí en mucho tiempo. Hacía 18 años que no leía a ese libro, entonces ahora ya soy un lector, no soy más el que lo escribió, a lo sumo puedo tener una relación de simpatía con ese que le escribió. Y muchas veces de sorpresa, diciendo ¿a quién se le habrá ocurrido escribir semejante cosa?

-¿Cómo podés pasar de "La Historia" a un libro que a mí me pareció tan importante como "El Hambre"?

Bueno, pasaron muchos años y muchos libros entre uno y otro. Pero, en general, a mí me gusta ir cambiando de género, de formato, de modelo, de intención. Alguna amiga me decía que soy como el mono que salta por las ramas, y sobre todo me gusta buscar formas nuevas de contar y cosas nuevas para contar.

-Martín, mucho de lo que hacés tiene que ver con tu oficio de periodista. Tuviste la suerte de estar mucho tiempo fuera del país, aunque siempre vas y venís. Y sos o fuiste amigo de algunos de los que más pusieron el cuerpo en los tiempos K. Menciono a Jorge Dorio, a Eduardo Anguita. ¿Por qué creés que ellos se lanzaron a esa aventura y vos te mantuviste al margen?

A Jorge hace mucho que no lo veo, con Eduardo seguimos siendo muy amigos. No sé, siempre es difícil juzgar intenciones, sobre todo las ajenas, tampoco son fáciles las propias. En realidad, siempre estuve en desacuerdo bastante fuerte y explícito con la mayoría de las políticas kirchneristas y con el uso de ideas supuestamente de izquierda para llevar adelante políticas que no tenían nada que ver con esa izquierda que decían representar. Creo que mucha gente que conozco y respeto especialmente se enganchó en eso porque tenían ganas de creer en algo. Es muy difícil estar siempre en una posición crítica. Yo creo que, de algún modo, ese es el trabajo de un intelectual, con perdón de la palabra. Estamos en un país donde intelectual es casi una mala palabra y yo me considero como tal. Trato de hacer lo que creo que un intelectual debería ser que es tener una mirada crítica, poner en cuestión, dudar sobre las cosas, pensar aquello que ya parece pensado, pero es incómodo. A veces uno tiene ganas de decir voy a creer en esto, a ver si vamos a hacer, a ver si estamos diciendo a ver cómo no se hace. Yo creo que mucha gente que yo respeto y quiero se metió muy fuertemente en el kirchnerismo porque les dio la posibilidad de creer en algo, es decir, vamos a hacerlo. Muchos de ellos porque son muy inteligentes y respetables ahora se están dando cuenta de que la pifiaron y no saben bien cómo recolocarse, pero durante un tiempo la pasaron bien, la disfrutaron.

-¿Y ahora crees en este Gobierno?

No, yo creer no creo. En general no creo, en ningún Dios, en ningún líder. Pienso en qué medida me parece bien lo que hacen, lo que no hacen. Con este Gobierno estoy bastante perplejo es que lo más notorio son sus errores. Hay una sucesión de errores que son los que van definiendo este Gobierno. Desde el principio, cuando dijeron que no iba a haber inflación, cuando dijeron que el segundo semestre iba a ser próspero, cuando dijeron que iban a meter jueces en la Corte vaya a saber cómo, cuando hicieron las tarifas, cuando Macri habló de la soberanía, ahora con el blanqueo. Da la sensación de que lo básico son los errores, entonces es muy difícil saber qué es lo que hacen o los que harían si consiguieran hacer lo que van a hacer. Claro, hay algunos datos y esos datos no son muy alentadores. El levantamiento de la carga fiscal sobre las grandes empresas mineras y agropecuarias y a cambio no levantar esas cargas para los trabajadores, es un dato feo. Pero me parece que todavía no tenemos muy claro qué es lo que harían, porque lo que quieren hacer, no les sale.

-Lo interesante es que mucha gente que los votó los está criticando, o no los entiende.

Por el momento, los alivia. Aún quienes son críticos a su gestión, como no ven alternativas demasiado claras, tratan de no pegar demasiado. No quieren cargarse algo para lo cual no ven ningún reemplazo. Mucha gente es muy tolerante con este Gobierno porque no hay opciones alternativas demasiado claras. Todo el mundo dice "ojalá les vaya bien", pero ellos se empeñan en no conseguirlo.

-¿Creés que el periodismo argentino va a poder salir de estos años en que estuvo acosado?

Sí, lo acosaba, pero al mismo tiempo le obligó a hacer periodismo, cosa que para muchos medios argentinos no era lo habitual. Empezaron a investigar, a buscar, a ver con qué informaciones podían superar los ataques del gobierno. Y eso no fue malo para el público en general porque hizo lo que en general deberían hacer, y no hacen. Yo temo que ahora que están un poco más tranquilos vuelvan a su actitud previa que consistía en no preocuparse mucho de tratar de contar lo oculto de la realidad.

-Danos un comentario de Echeverría, además de ser el autor de El Matadero. ¿Fue un intelectual de qué tipo?

Cómo decirlo. 1830, Buenos Aires es casi un pueblo, 30/40000 personas, Argentina es un país infinitamente nuevo, mucho más joven que Echeverría, que nació cinco años antes, y al que acaba de llegar después de un oscuro momento de su vida, porque casi no se conoce qué hizo entre los 20 y 25 años, cuando estuvo en París. Llega y ve que ese país nuevo no tiene una identidad pura, algo que lo sintetice. Y se le ocurre esa idea ridícula de "voy a inventar una literatura argentina". Para eso se junta con un grupo de amigos, Alberdi, Juan María Gutiérrez, después trata de plegarse Sarmiento pero no le hacen caso porque eran un poco bruto, provinciano, Mitre era más jovencito, terminaron aceptándolo más tarde. Echeverría, como jefe de ese grupo empieza a producir grandes poemas en los que se supone que canta la argentinidad, y empieza a hacer el primer gran relato sobre la Patria, de los cuales después hubo muchos. Al mismo tiempo es un tipo muy comprometido políticamente, Rosas era la suma del poder público en ese momento. Y el encabeza un grupo de jóvenes porteños que están en contra de lo que perciben como una tiranía, arman la Asociación de Mayo, los disuelven, los infiltran, se arman toda una serie de líos y termina exiliado en 1840 en Montevideo y muere diez años más tarde muy pobre, muy olvidado. En el medio era un muchacho muy atractivo, tenía una serie de líos con señoritas confusas, en un lugar donde era difícil, porque era un pueblo muy chico. A mí me pareció una historia fascinante en un momento donde Argentina podía haber sido cualquier cosa y empezaba a ser aquello que ya es.