Antonio Saracho descansaba con su familia en la precaria vivienda de la villa 2 de abril cuando fueron sorprendidos por una patota. Le robaron una campera de cuero y luego le dispararon a sangre fría. Murió con un tiro en el cuello
Cinco individuos armados ingresaron por la fuerza en el domicilio de la calle Jorge. Allí, amenazaron a los pequeños y redujeron al propietario, de treinta años.
Una vez que consiguieron la campera de Antonio, uno de ellos extrajo una pistola de entre sus ropas y, sin mediar palabras, le disparó. Los agresores escaparon de inmediato, mientras el cuerpo de Saracho quedó en medio de un charco de sangre.
Las pericias determinaron que el disparo de un revólver 38 largo impactó en el cuello de la víctima y atravesó su cuerpo.
La Policía realizó varios allanamientos y capturaron a dos malvivientes que habrían participado del salvaje ataque a Saracho, que se desempeñaba como empleado de un frigorífico.
Ahora investigan si la víctima conocía a los atacantes y si pudo haber alguna diferencia entre ellos, según publicó Crónica.