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Martes 1 de Diciembre
29-05-08 | Policiales Imprimir Galería
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Lo atraparon con el cuento de la "admiradora secreta"

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Un hombre salteño, que había escapado con su hija de dos años, fue apresado por la Policía gracias a la ayuda de una amiga de la ex pareja, que con mensajes "hot" lo hizo volver a la Argentina.
 
La detención se produjo ayer en la terminal de ómnibus de la capital salteña. Aldo Osvaldo Ávalos, de 33 años, fue apresado cuando intentó besar a una joven con la que había quedado en encontrarse. Así, Elisa Noemí Cañizares pudo recuperar a su hija de dos años que Ávalos, su ex pareja, se había llevado a Bolivia.

Según publicó El Tribuno de Salta, la mujer había denunciado la desaparición de su pequeña a principios de marzo. Ávalos, su esposo y padre de la menor, se la había llevado a Bolivia, luego de vender casi todas las pertenencias de la pareja. Las autoridades fronterizas no lo habían detenido porque los controles en la zona son muy "blandos".

Efectivos de la Comisaría 6 de Ciudad de Milagro decidieron que lo mejor era armar un plan, que finalmente tuvo ribetes cinematográficos. Convencieron a una amiga de la joven, una morocha voluptuosa de ojos verdes, para que enamorara al captor. El único contacto que había quedado en poder de Cañizares era el número de teléfono celular de Ávalos, así que la "conquista" se realizó por esta vía.

Luego de intercambiar por varios meses mensajes de texto con un alto contenido erótico y ver las fotos de la "carnada", el joven quiso conocerla. Una primera cita impidió detener a Ávalos, porque éste no se presentó, aduciendo un "problema personal".

Sin embargo, arreglaron para otro día. Y ayer, en la gruta de la terminal de la capital salteña, finalmente se produjo el encuentro. "Hola, mi amor", le dijo el hombre, quien concurrió a la cita con una rosa roja, un oso de peluche y una caja de bombones. Pero cuando intentó besarla, los efectivos policiales lo detuvieron.

Desde la Comisaría 9, Ávalos llamó a sus familiares de Bolivia y les dijo que entregaran a la menor. Allí, Cañizares se enteró que con quien había estado viviendo por cuatro años no era quien decía ser: se llamaba José Luis Cachampi y no era boliviano sino que había nacido en Orán, Salta.

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