El bipartidismo con el que muchos analistas caracterizaban la contienda electoral de la Argentina dejó de ser, desde hace ya un buen tiempo, un paradigma de análisis fidedigno de lo que ocurre en la realidad. Ya no hay dos partidos o frentes que se disputen todo el electorado. La tensión que el peronismo y el radicalismo sostuvieron hasta fines de los 90 se diluyó en el surgimiento y fortalecimiento de "terceras fuerzas".

Sin embargo, algo pasó en estas elecciones en las que el 60% del electorado votó para senadores bonaerenses en solo dos frentes.

Estrategias antiterceros

Si bien el bipartidismo no es una condición suficiente para explicar los movimientos partidarios, hubo una estrategia bipartidista por parte de los dos frentes electoralmente más caudalosos en la jornada democrática del 13 de agosto.

La grieta fue el factor que determinó la performance en las PASO. El gobierno la utilizó para profundizar la polarización entre el kirchnerismo y Cambiemos. El objetivo era subir a Cristina a un ring electoral en el cual su imagen negativa, algo que ella viene arrastrando desde mucho antes de concluir su mandato, ahuyentase a muchos electores.

El kirchnerismo pretendió evitar la pelea frontal, aunque sin dejar de alimentar la polarización. De la mano del catalán Antoni Gutiérrez Rubí, el nuevo consultor estrella de Unidad Ciudadana, Cristina bajó su perfil. No dio notas periodísticas (excepto la entrevista con Víctor Hugo, Navarro y Silvestre), centrando casi toda la comunicación de campaña en historias de gente común (storytelling), en los problemas de ciudadanos de a pie (un científico, un obrero, una maestra, un panadero, etc.).

El estrepitoso camino hacia las elecciones generales de octubre parece haber arrancado con la entrevista que Cristina le concedió a Luis Novaresio en Infobae. Sin duda un cambio de estrategia frente al periodismo y los medios, dos actores con los que el kirchnerismo mantuvo una relación más que turbulenta sobre su etapa de gestión. Este cambio de estrategia respecto a los medios, no altera, sino que intensifica la polarización apoyándose en el viejo y conocido "voto útil".

Dos gigantes comunicacionales supieron copar el ágora electoral en las PASO. Los mensajes, los candidatos y los medios replicando las campañas fueron tan hegemónicos que otras expresiones no lograron hacer pie.

En otras palabras, si bien una lectura posible de los resultados en la categoría "Senadores nacionales por Buenos Aires" es que el tablero se dividió en tres tercios, las restantes fuerzas solo ocuparon un tercio del electorado, haciendo que más del 60% de los electores votasen a Cambiemos o a Unidad Ciudadana. Lejos quedó la división tripartita del electorado (30-30-30), donde Sergio Massa aspiraba a terciar en la disputa.

Una avenida que no era tan ancha

Las mismas recetas no arrojan los mismos resultados; o por lo menos no en política. Pero en definitiva ¿sobre qué mensaje transitan las terceras fuerzas para evitar tanto a Cambiemos como a Unidad Ciudadana? Esa es la cuestión.

La concepción de que una gran masa del electorado se concentraba en un medio, un medio indeciso y oscilante entre los extremos (kirchnerismo – macrismo) no se plasmó en los resultados. Evidentemente, la indiferencia no fue un factor en esta contienda. El electorado votó sabiendo (o sintiendo) quién no le gustaba, a quién le daría más tiempo (o por quién sentía esperanza), y por quien no sabía si era oficialista u opositor.

Como ya auguran algunos encuestadores, ante la imposibilidad de fidelizar los votos que las "terceras fuerzas", como las de Sergio Massa o Florencio Randazzo, obtuvieron en las PASO, puede producirse una migración hacia los dos extremos de la polarización electoral. En el caso de 1País esta migración aparecería más en torno a Cambiemos, mientras que en el caso de "Cumplir" más en torno a Unidad Ciudadana.

Las terceras fuerzas en la Ciudad

Elisa Carrió, en la Ciudad de Buenos Aires, utilizó su ambigua y ya conocida figura: fluctuó entre no ser una candidata "pura" del PRO (pero jugando dentro de Cambiemos) y su habitual rol de "auditora de la Nación" (para despegarse de Macri y Rodríguez Larreta). Ciertamente la alta imagen positiva de la gestión del Jefe de Gobierno la ayudó, pero su propio posicionamiento le permitió batir el récord en elecciones legislativas en la Ciudad.

La perspectiva para Carrió de cara a octubre es aún más optimista, ya que según diversos estudios de opinión pública, podría crecer hasta alcanzar el 55% de los votos.

Esta arrolladora performance no impediría la consolidación de Daniel Filmus en el segundo lugar (con un techo cercano al 24%), pero dejaría un escenario cada vez más complicado para Martín Lousteau, quien podría ceder algunos puntos en relación a las PASO a favor del massista Matías Tombolini y la misma Carrio.

Debe recordarse que el líder de Evolución no sólo pone en juego en esta elección su representación parlamentaria, sino que arriesga la etiqueta que muchos porteños le otorgaron tras el 2015 como el que "casi le ganó a Larreta". Un capital simbólico casi imprescindible para construir una épica de cara al 2019.

Entre victorias y posicionamientos

Una pregunta se impone entonces para las terceras fuerzas: ¿qué hacer ante tan desolador panorama? No siempre la victoria se reduce a ser el primero en la contienda, no todo triunfo implica ganar todo.

La estrategia de campaña correcta parte de un diagnóstico preciso sobre la realidad nunca es una expresión irracional de deseo. Para muchas terceras fuerzas alcanzar un número de bancas puede ser el mejor escenario, por el cual hay que trabajar. Para otras, posicionarse como opciones competitivas de cara al 2019 es, sin duda, una opción más que atractiva.

En la provincia de Buenos Aires la polarización apunta a mucho más que repartir las tres bancas a senadores (dos por la mayoría y uno por la minoría) entre el oficialismo y el kirchnerismo. Está claro que ambas fuerzas no apuestan "solo" a entrar al Congreso. Para ambas, ganar significa imponerse en términos de resultados sobre la otra.

Una definición diferente de victoria fue la esgrimida por Randazzo, quien sabe que su triunfo está en haberse presentado, en procurar ser la expresión "pura" de un peronismo abandonado y en mostrarse como una opción a Cristina Kirchner. En este sentido su resultado (5,88%) no es despreciable.

En cambio, las luces rojas de alerta sí se prendieron en Tigre y en el búnker de Lousteau. No disputan un posicionamiento interno, en una fuerza que fundaron, dirigen y encabezan ellos mismos.

No hay triunfos (reales), solo definiciones (de triunfo).

Gonzalo Arias es sociólogo y autor de Gustar, Ganar y Gobernar (Aguilar 2017), premiado como "Libro político del año" por los Napolitans Victory Awards (Washington DC).