El general San Martín fue a la entrevista con el Mariscal Bolívar, acompañado por unos doscientos granaderos. Los había seleccionado entre los más fuertes y valientes del Regimiento. Eran, puede decirse, una "tropa de elite" dispuesta a cumplir una tarea de apoyo al general, que había ido solo. No les había dicho nada a Lavalle; ("el león que se debe mantener enjaulado hasta el momento de la pelea", según sus propias palabras) tampoco a Suárez ni a Pringles ni a Necochea o a Olavarría, los Granaderos más valientes de aquel Regimiento, que se caracterizaba por el coraje sin límite de sus hombres.

El Gral. San Martín fue solo con esos granaderos que él en persona había formado con tamaña personalidad: estimulaba el uso de un arete pendiente de la oreja del portador y propiciaba el duelo "cuando fuera afectado el honor del soldado". Esos 200 soldados estaban adiestrados en la lucha cuerpo a cuerpo; constituían una verdadera "tropa escogida".

Pero Bolívar no fue solo. Lo acompañó el Mariscal Sucre y llevó, además, una fracción de su poderoso ejército: dos mil soldados. Con semejante compañía no le resultó difícil a Bolívar hacerse fuerte; a San Martín le quedaba solo una porción de granaderos de "elite", dispuestos a morir por su jefe, y el valor.

Sintió lástima de sus granaderos que habrían de sucumbir ante los 2000 soldados veteranos del Mariscal; además no era cosa de irse a las manos frente al enemigo que se debía enfrentar. Se ofrece para ser su segundo, pero Bolívar no aceptó. San Martín, acorralado, tiene una disyuntiva, pero opta por partir a Mendoza, donde era gobernador… o al exilio.

El verdadero misterio de esa entrevista es: ¿por qué el General San Martín fue a la entrevista con Bolívar tan desprovisto de apoyo militar? Inconcebible en un hombre que elaboró la estrategia de liberar a Chile en primer término y después atacar a los realistas en el Alto Perú por mar, tomándoles Lima y evitando el desgaste que hubiera significado hacerlo por tierra.

De cualquier forma, los Granaderos estuvieron presentes en Río Bamba y Ayacucho e inclinaron la balanza de la historia a favor de la causa republicana, sellando para siempre el poder realista en América. Que los laureles de la victoria hayan coronado la testa de Bolívar fue solo un accidente que tuvo su cuota de misterio en Guayaquil, que recordó el sacrificio sanmartiniano como pudo: dando su nombre al principal hotel de la ciudad.

Todo lo demás es conocido; forma parte de la historia que hemos estudiado en la escuela.