Desde el año 2011 Venezuela se considera el principal puente en la ruta que sigue la cocaína de América al resto de los continentes. La realidad es que las autoridades venezolanas no persiguen eficazmente al narcotráfico, porque en realidad forman parte de las mismísimas entrañas del narcotráfico.

Venezuela ha pasado a integrar lo que se denomina "territorio seguro" para los narcos: durante el régimen de Hugo Chávez, más de doce cabecillas de la droga se refugiaron en tierras venezolanas para gestar sus fortunas y sus nexos internacionales, operando bajo la protección y el apoyo de militares de las Fuerzas Armadas Nacionales Bolivarianas. Esto sin mencionar que, en 2005, Chávez ordenó el cese de las actividades de la DEA (Administración para el Control de Drogas, Estados Unidos) en Venezuela.

Hoy en día, hay al menos trece escándalos que tocan e involucran a funcionarios del chavismo de Nicolás Maduro, entre ellos magistrados del Tribunal Supremo de Justicia, asambleístas, jueces, policías y militares, a la par de sobrinos de la primera dama o más bien "primera dictadora", Cilia Flores, y el mismísimo vicepresidente o mejor llamado "vicedictador" de Venezuela, Tareck El Aissami.

Han sido cientos de casos presentados contra diversos oficiales de las Fuerzas Armadas Nacionales de Venezuela, en tanto que el vicepresidente venezolano, Tareck El Aissami, está incluido en la lista negra del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos.

En 2016 fueron detenidos dos sobrinos de Nicolás Maduro en Haití, Efraín Antonio Campo Flores y Franqui Francisco Flores de Freitas, mientras intentaban trasladar ocho toneladas de cocaína a los Estados Unidos. Durante el juicio en Nueva York, dejaron bien en claro que su tío Nicolás estaba enterado de todas sus actividades relacionadas con el narco.

En este sentido, corresponde mencionar al Cártel de los Soles, integrado por oficiales de las Fuerzas Armadas Nacionales Bolivarianas, en tanto que cinco funcionarios fueron sancionados por el gobierno norteamericano por vínculos con el narcotráfico, entre ellos: Hugo Carvajal, Ramón Rodríguez Chacín, Henry Rangel Silva, Cliver Alcalá y Ramón Madriz.

De este modo, el Estado venezolano se ha convertido en un cártel narcosocialista, donde una mafia de narcotraficantes llamada Cártel de los Soles tomó el Estado desde sus Fuerzas Armadas hace más de 17 años y lo hizo desde adentro. Desde allí ha llegado a atentar contra la democracia y la libertad en Venezuela. Esta es la diferencia principal con el Cártel de Sinaloa o el Cártel de Medellín, quienes buscaron tomar el Estado desde afuera.

Los orígenes de este cártel chavista se encuentran en los cuarteles y en los intentos de golpe del año 1992, momento en que Hugo Chávez y sus cercanos se alían y acercan fuertemente a la narcoguerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

Por su parte, Diosdado Cabello es el jefe de esta banda narcotraficante que ha tomado a Venezuela de rehén. Cabello es el que controla la infraestructura del lavado de dinero, afirmado por el gobierno de los Estados Unidos.

Hoy Venezuela está tomada por un cártel narcosocialista; es la primera vez que una pandilla de corruptos y políticos narcotraficantes toma un Estado, se hace de él y destruye todas las instituciones democráticas.

Bolivia no se queda atrás. Evo Morales ha sido durante años el proveedor de coca y eje central dentro del negocio narco del socialismo del siglo XXI. Al llegar Morales al poder, Bolivia tenía tres mil hectáreas de coca ilegal, hoy son más de 40 mil, lo que produce incremento hacia Brasil y Argentina, abre rutas narcos a lo largo de toda la región. El tráfico de droga se centraliza en Venezuela, maneja la producción desde y junto con las FARC de Colombia y en colaboración con los cocaleros de la Bolivia de Evo Morales.

En este sentido y a partir de informes presentados por la Inteligencia Militar de Colombia, hace rato que las guerrillas colombianas de las FARC y también el Ejército de Liberación Nacional (ELN) estarían operando en diversas ciudades importantes de Venezuela, puntualmente en Caracas, la capital, con más de mil combatientes que actúan desde Zulia hasta Barina y Apure, distintos estados de Venezuela.

Fue en 2015, cuando la revista norteamericana The New Yorker reveló los nexos narcos entre Chávez, Irán y el grupo terrorista Hezbollah, donde se los involucra en lavado de dinero, narcotráfico y corrupción; fue Hugo Chávez quien abrió las puertas al régimen iraní y al terrorismo, permitió a Mahmoud Ahmadinejad y a Hezbollah establecer en Venezuela la base de una red internacional de lavado de dinero y narcotráfico a partir de 2007.

El régimen de Nicolás Maduro no sólo es dictatorial, represor o asesino de jóvenes. Tengamos en claro que los pobres venezolanos que desean ver a su país en libertad y luchan en las calles con escudos de cartón se enfrentan a algo más que una dictadura: a dictadores narcotraficantes de una organización criminal.

La autora es asesora en el Senado de la Nación Argentina. Licenciada en Relaciones Internacionales de la Universidad Abierta Interamericana. Investigadora en Fundación Libertad.