Los diques bien estudiados, proyectados, construidos y mantenidos, respetando el ambiente, producen muchos beneficios para la sociedad: producción de energía renovable, atenuación de las crecidas, abastecimiento de agua para riego y agua potable, desarrollo de economías locales por medio del turismo. Sin embargo, son muchas veces criticados sin un análisis profundo. En verdad, debemos evaluar los impactos positivos y negativos de cada obra para realizar un balance y elegir la alternativa más conveniente para satisfacer la demanda energética creciente.

Las centrales hidroeléctricas producen hoy menos del 25% de la energía eléctrica del país, el 4% es producción de origen nuclear, menos del 2% es de base eólica y solar. El 69% restante proviene de la combustión de hidrocarburos. En los últimos 20 años aumentó fuertemente el porcentaje de la generación térmica con respecto a la energía hidráulica, que bajó en más de un diez por ciento. Es decir que nuestra matriz energética, desde el punto de vista ambiental, empeoró notablemente.

Sin embargo, observamos que algunos grupos ambientalistas atacan fuertemente la construcción de presas, por ejemplo, tratando de impedir las obras en el río Santa Cruz, desde su licitación en la gestión anterior de Gobierno. Pero no los escuchamos cuando en esos años (2012-2013) se construyeron centrales térmicas como Timbúes (Santa Fe) o Campana (Buenos Aires), ambas de 823 MW. Estas centrales consumen alrededor de cuatro millones de litros de gasoil por día en esta época invernal, lo cual implica una emisión aproximadamente de diez millones de Kg de dióxido de carbono por día cada una, lo que aumenta el efecto invernadero. En cambio, la central del Complejo Hidroeléctrico Presidente Néstor Kirchner, antes Cóndor Cliff, tendrá una potencia de 950 MW y la emisión de dióxido de carbono neta del embalse será muy poco significativa.

Las emisiones de dióxido de carbono y de metano de un embalse dependen de la vegetación que se cubre con agua, y van reduciéndose fuertemente después de cinco años de llenado del embalse, cuando la degradación se completa. En el caso de las obras en el río Santa Cruz, zona de clima desértico frío, la vegetación es escasa y de muy baja altura, sin presencia de árboles ni arbustos, con lo cual la producción de dióxido de carbono por degradación será muy baja. Por otra parte, los sedimentos que decantarán en el fondo absorben carbono, la vegetación acuática absorberá dióxido de carbono y emitirá oxígeno.

También se dice que un embalse aumenta intensamente la humedad en la zona de influencia, lo que genera alteraciones climáticas locales. En verdad, se pueden observar los alrededores de embalses existentes en zonas desérticas patagónicas como Florentino Ameghino, en el río Chubut o en el embalse del Complejo Hidroeléctrico El Chocón, sobre el Limay, donde no se han encontrado cambios significativos en los registros de las estaciones meteorológicas locales ni cambios en la diversidad ni la abundancia de la flora con respecto al resto de la región. Son evidencias observadas luego de muchos años desde su respectiva construcción.

Es necesario aumentar la participación de las energías renovables en la producción eléctrica en forma importante para reducir las emisiones de dióxido de carbono. Para ello, no es suficiente la energía eólica y solar, sino que también es necesaria la hidroeléctrica. Toda generación de energía tiene impacto ambiental, presenta ventajas y desventajas. Tanto para producir energía eólica con aerogeneradores como para obtener energía solar con paneles es necesario fabricar esos equipos y sus repuestos, proceso en el cual también se emite dióxido de carbono.

Por otra parte, ambos sistemas generan impacto en la fauna, especialmente en las aves voladoras. Sin embargo, el balance es positivo con respecto a seguir aumentando la energía térmica.

Cabe mencionar que la principal fuente de electricidad renovable en Europa es la de base hidráulica, gracias a lo cual se espera que la Unión Europea cumpla su objetivo de obtener el 20% de su energía procedente de fuentes renovables para 2020 frente a un 16,4% en 2015.

Desde el punto de vista energético, la energía solar sólo se produce de día y en cambio de noche la demanda debe ser cubierta con otras fuentes. La energía eólica, por su parte, depende obviamente de la frecuencia y la intensidad del viento, que no controlamos y que puede soplar o detenerse en cualquier momento. Por lo tanto, análogamente debe existir una garantía con otro tipo de energía, que puede ser térmica o hidráulica.

En algunos países, como España, se utilizan actualmente centrales hidráulicas con bombeo (Alqueva, la que posee el mayor embalse de Europa), que aprovechan la energía solar y eólica para elevar agua a embalses y así acumular energía para los horarios sin sol ni viento, en los cuales el agua pasa por las turbinas y genera energía.

Una opción siempre posible es el desarrollo de las presas pequeñas. No obstante, algunas organizaciones, como la austriaca Riverwatch, indican que las consecuencias ambientales son las mismas, independientemente de su tamaño, pero la generación de electricidad es muy menor. Efectivamente, las 21 mil pequeñas presas existentes en Europa, correspondientes al 91% del total, generan solamente el 13% de toda la energía hidroeléctrica. Por tanto, la garantía de la provisión de energía hidroeléctrica se apoya en el 9% de grandes presas del total de 23 mil construidas en ese continente.

Es decir, debemos tener una estrategia integral para combinar distintos tipos de energías renovables y más limpias, con el fin de satisfacer la creciente demanda energética, tendiendo a un uso más racional y eficiente de la energía, minimizando los impactos ambientales negativos y maximizando los positivos.

El gobierno nacional ha armado un plan que contempla un aumento importante de las energías renovables en la matriz energética, vía el desarrollo de las obras en Santa Cruz, nuevos proyectos multipropósito, tales como Portezuelo del Viento en Mendoza, Chihuido en Neuquén, Potrero del Clavillo en el límite entre Tucumán y Catamarca, con una potencia total de 2300 MW; y al mismo tiempo potenciando el desarrollo de la energía eólica con ya más de mil MW en obras licitadas este último año y de la energía solar con más de 500 MW en proceso de construcción.

El autor es ingeniero, presidente del Organismo Regulador de Seguridad de Presas (ORSEP).