Los fueros no se pensaron para cobijar delincuentes ni escrupulosos. Los fueros no son para refugiarse si algún legislador es requerido por la Justicia. Lo que protege es la libertad de opinión frente al autoritarismo y los abusos de poder.

Los fueros parlamentarios tienen su origen en la separación de poderes y la búsqueda de la independencia del Poder Legislativo.

La sociedad tiene razones múltiples para repudiar prácticas nefastas de parte de la clase política. La gente tiene argumentos suficientes para pensar que, en la medida en que un legislador se acerca a una banca, adquiere protecciones inexplicables.

Por otra parte, la ley 25188 (octubre de 1999) de ética de la función pública establece, en su artículo 1º, un conjunto de deberes, prohibiciones e incompatibilidades aplicables, sin excepción, a todas las personas que se desempeñen en la función pública en todos sus niveles y sus jerarquías, en forma permanente o transitoria, por elección popular, designación directa, por concurso o por cualquier otro medio legal. Se extiende su aplicación a todos los magistrados, los funcionarios y los empleados del Estado.

En el inciso b, artículo 2, capítulo II, sostiene deberes y pautas de comportamiento ético que remarcan claramente que quienes se desempeñen en la función pública deben: "b. Desempeñarse con la observancia y el respeto de los principios y las pautas éticas establecidas en la presente ley: honestidad, probidad, rectitud, buena fe y austeridad republicana".

Analizando o deteniéndonos sólo en estos dos textos citados podemos advertir que las buenas prácticas políticas están descritas o contenidas en diferentes marcos legales vigentes. La discusión principal no pasa por lagunas legales, pasa principalmente por la crisis de valores en la que estamos insertos.

Decía Nelson Mandela: "Todo parece imposible, hasta que se hace". Es indispensable que nos involucremos y no convalidemos las prácticas políticas nocivas, simplemente porque las deshonestidades materiales, morales e intelectuales condenan a sus sociedades a la necrofilia política, es decir, a enamorarse y naturalizar ideas muertas (populismo, nepotismos, "roban pero hacen", etcétera).

La autora es diputada nacional (Partido Fe). Presidente de la Comisión Economías Regionales.