El doctor en física Albert Bartlett decía que el mayor defecto de la raza humana es nuestra incapacidad para comprender la función exponencial. Usted se preguntará qué es la función exponencial. Es una función matemática que usamos para describir el tamaño de algo que crece sostenidamente.

Existe un ejemplo maravilloso para explicarla. Supongamos que dentro de un tanque hermético cae una gota de agua, que cada minuto esa gota se duplica y que al cabo de una hora el tanque está lleno. ¿En qué momento el tanque estaba lleno sólo hasta la mitad? Exactamente un minuto antes de cumplida la hora. A los 59 minutos. Dos minutos antes, a los 58 minutos, estaba a un cuarto, tres minutos antes, un octavo, etcétera.

Si estuviésemos dentro del tanque, es posible que, hasta cinco minutos antes de que el tanque se llenase, no nos percatáramos de la inminencia de lo que iba a suceder y que, cuando notáramos la gravedad de la situación, hubiese sido demasiado tarde para reaccionar.

Este ejemplo puede aplicarse como metáfora de lo que sucede en el mundo. Hoy la humanidad vive a un ritmo de cambios exponenciales en todos los ámbitos, marcados en parte por la tecnología y especialmente por internet. La web se ha convertido en una plataforma de disrupciones sin precedentes. Veamos el caso de Uber.

Uber es un claro ejemplo de un nuevo sistema de crecimiento exponencial. Hace seis años la empresa no existía y hoy tiene una valoración superior a 50 mil millones de dólares y es la flota de automóviles más grande del mundo sin poseer ni un solo coche.

Miremos también el caso de WhatsApp. Tres años atrás muchos se hubieran extrañado al oír el término WhatsApp. Hoy WhatsApp tiene más de 1.200 millones de usuarios en todo el mundo y se convirtió en la aplicación que usamos para comunicarnos, para enviar fotos, videos y notas de voz. Sin darnos cuenta, nos fusionó con la tecnología.

Es que según la concepción del teórico de la comunicación Marshall McLuhan, todo medio es una extensión de nuestro cuerpo, nuestra mente o nuestro ser. Los medios tecnológicos son entendidos así como herramientas que extienden las habilidades humanas, del mismo modo que una bicicleta o un automóvil son una extensión de nuestros pies. Los smartphones serían hoy una extensión de nuestro sistema nervioso central. Si no lo cree así, sólo recuerde el espasmo que sufrió la última vez que pensó que había perdido su celular.

Los tiempos que vienen son más radicales aún porque se avecinan dos corrientes tecnológicas que sacudirán al mundo tal como lo conocemos: el internet de las cosas (IOT, por sus siglas en inglés) y la inteligencia artificial (AI, por sus siglas en inglés).

IOT, del inglés Internet of Things, se refiere a la interconexión digital de objetos cotidianos con internet. Se prevé que el mercado de IOT crecerá de los 15 mil millones de dispositivos actualmente conectados a la web a 500 mil millones en 2030, así de exponencial. Heladeras que autoconfeccionarán listas de compras y cepillos de dientes robotizados que detectarán enfermedades bucales, por dar solamente un par de ejemplos; estos dispositivos poseerán la inteligencia necesaria para mantenerse y programarse con sus propios algoritmos y generarán comportamientos a partir de la información que reciban.

La inteligencia artificial (IA) es aún más revolucionaria. Una máquina con IA imita nuestras funciones cognitivas, tiene conciencia de su entorno y aprende sola a resolver problemas.

Ray Kurzweil, un reconocido futurista norteamericano que se desempeña como director de ingeniería en Google, asegura que el mundo se acerca rápidamente a un punto de inflexión en el que la inteligencia artificial pronto dejará atrás las capacidades humanas. Kurzweil lo llama "singularidad", porque considera que el desarrollo exponencial de las nuevas tecnologías hace imposible predecir cómo será el futuro de la humanidad. Aunque vaticina que las máquinas se automejorarán recursivamente y que las repeticiones de este ciclo darán lugar a una "explosión de inteligencia", donde las máquinas diseñarán a las siguientes generaciones de máquinas, cada vez más potentes e inteligentes, superando nuestra capacidad intelectual.

Kurzweil pronostica que ese momento llegará en 2045, otros investigadores lo ubican algunos años antes o poco después de esa fecha, pero todos coinciden en que este medio siglo será clave. Eventualmente, las tecnologías de la información coparán todo el espectro científico humano generando una verdadera fusión con las personas y el ritmo del progreso se intensificará también exponencialmente.

¿Podremos adaptarnos a un contexto que se vuelve cada vez más complejo y un mundo que cambia mil veces más rápido que en el siglo pasado? En principio, para lograrlo e incluso poder pensarlo tenemos la imperiosa necesidad de desarrollar nuevas capacidades.

Usted y yo, probablemente, todavía no tenemos las herramientas intelectuales o los modelos necesarios para entender la serie de desafíos que se asocian con los tiempos que vienen. Nuestro cerebro es aún muy primitivo para este contexto, pero ya está evolucionando. Es inevitable porque, citando nuevamente a McLuhan, cada vez que aparece un nuevo sistema de comunicación en la humanidad hay un salto de conciencia.

Como consecuencia de ello, ya está surgiendo una nueva generación digital. Una camada avanzada de pos millenials que carece de la lógica analógica y de causa-efecto que preponderó hasta hoy. La diferencia se aprecia fundamentalmente en el plano del pensamiento, porque se trata de una generación mucho más abierta a entender y adaptarse a los cambios. Estos jóvenes hiperconectados avanzan empoderados por la tecnología digital y tienen acceso al conocimiento ilimitado que provee internet; son proactivos, más conscientes y reaccionan frente a la realidad modificándola.

Son Homo Hackers. No crackers, que es un vándalo virtual que utiliza sus conocimientos de informática para delinquir o provocar daño. 'Hacker' define al experto o entusiasta que utiliza su conocimiento sobre un sistema para desarrollar funcionalidades que no existían originalmente.

Nadie mejor para simbolizar a un Homo Hacker que el joven George Hotz, quien, cuando tenía 17 años, se hizo famoso por decodificar un iPhone y la PlayStation. Hotz ahora está sorprendiendo al mundo con un nuevo invento: un automóvil no tripulado, creado a partir de su propio Honda Acura, una computadora, cámaras, un navegador GPS y cinta adhesiva. Así logró conectarse a los nodos centrales del automóvil para hacerlo circular sin conductor.

Mediante algoritmos inteligentes, Hotz le enseñó a la computadora del coche a pensar como un ser humano, que constantemente procesa todo tipo de pistas visuales y utiliza la experiencia para hacer frente a lo inesperado. El software de control para las cámaras funciona como una red neuronal de autoenseñanza, que toma datos de los conductores y aprende lo que suelen hacer en diversas situaciones, para luego tratar de imitar y perfeccionar ese comportamiento. Es por eso que, en lugar de los cientos de miles de líneas de código que se encuentran en otros vehículos de autoconducción, su software se basa en cerca de dos mil líneas de código.

Su plan a futuro es comercializar su tecnología a un costo cercano a los mil dólares. Paralelamente a la historia de Hotz, Jack Andraka creó un biomarcador que permite detectar el cáncer de páncreas en su etapa temprana a partir de información que encontró disponible en la web. Lo mismo hizo Ann Makosinski, que a los 15 años diseñó una linterna que se prende con la energía de la mano; Elif Bilgin, una adolescente turca que creó plástico a partir de cáscara de banana; y Aisha Mustafa, otra adolescente, en este caso egipcia, que inventó un nuevo sistema de propulsión espacial.

Estos son solamente algunos ejemplos de los muchos jóvenes que ya transformaron su manera de pensar, aprender y actuar. Ellos dan cuenta de los cambios profundos a nivel sistémico que ocurren de manera vertiginosa y disruptiva; se adaptan, resuelven y reprograman la realidad. Están tejiendo un nuevo sistema humano, completamente interconectado en red y descentralizado, que detecta la complejidad y evoluciona. Un sistema resiliente e interdependiente, que nos permite aprender, conectarnos a este nuevo contexto y provocar la emergencia del conocimiento necesario para acompañar los tiempos de cambio de la exponencialidad.

Bienvenidos a la era de la complejidad.

El autor es ingeniero y MBA por Harvard University. Autor del best-seller "Homo Hacker".