Cristina Kirchner, esta tarde en Sarandí (Foto: Adrián Escandar)
Cristina Kirchner, esta tarde en Sarandí (Foto: Adrián Escandar)

Con una puesta de estilo macrista, sin carteles partidarios y con ella como protagonista absoluta en el centro del campo, rodeada por la gente, Cristina Elisabet Kirchner volvió a la escena política intentando salir de la nostalgia del "vamos a volver" y buscando colocar su estrategia en la construcción de un futuro. Afónica, un poco nerviosa, quizás desacostumbrada al protagonismo, sus primeras palabras fueron "escucharnos", "mirarnos", "sentir lo que le está pasando al otro". Ideas de cercanía, una propuesta duranbarbiana elemental.

No dejó que las personas que fueron al acto profirieran insultos ("gastemos la energía en organizarnos"), ni hizo un largo discurso con un relato épico, como tenía acostumbrados a sus seguidores. Claramente, la comunicación del Gobierno, la victoria electoral de Cambiemos, hizo mella en su manera de presentarse a la sociedad. En un momento dijo, claramente: "En esta etapa histórica de agresión neoliberal a todos, no es una cuestión de partidos políticos".

Para la convocatoria había pedido que fueran con sus banderas, sin inscripciones políticas ni sindicales. Ella misma se presentó con un poncho celeste y blanco que abandonó para empezar a hablar. Pero la primera sorpresa en su transformación discursiva la dio cuando dijo "como me contaba Ema, en el centro de jubilados", como si fuera el mismísimo presidente Mauricio Macri.

De ahí continuó convocando a personas de carne y hueso que están padeciendo severos problemas en su vida personal, desde una frigorífico que tiene que despedir personal porque cayó el consumo de carne, hasta una directora de escuela pública que vio aumentada la matrícula con el ingreso de alumnos que provienen de escuelas privadas que ya no pueden pagar, pasando por una pareja de discapacitados a los que se le quitó una de las pensiones especiales o dos investigadoras del CONICET que ya no tienen becas. Fueron 20 personas que cerraron el acto rodeando a la ex presidenta, que evitó mostrarse con la dirigencia política que la respalda.

Para explicar por qué lo hacía, y casi a modo de autocrítica, dijo que "estas cosas son las que tenemos que hablar en Unión Ciudadana", "la propia endogamia de los partidos hace creer que los dirigentes son más importantes que la sociedad". "Yo quería que ustedes entendieran esto", reforzó.

La militancia que se movilizó por ella quedó un poco frustrada. No sólo porque no les regaló ninguna batalla del estilo "vamos por todo" ni les dejó entonar ninguna estrofa a voz en cuello. Ya sabían que no podían cantar la Marcha Peronista, pero tampoco pudieron disfrutar el "ohhhhh, soy soldado del pingüino".

Para colmo, esperaban que confirmara que finalmente sería candidata a senadora para saltar por los aires de éxtasis, y no lo hizo. De todos modos, está muy claro que el de hoy fue su lanzamiento. Solo una persona con vocación de continuar en la pelea política es capaz de semejante transformación escénica, buscando empatizar con una cultura tramada por las redes sociales que horizontalidad las relaciones y están cansadas de los liderazgos carismáticos e infalibles.

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