Pese a las buenas intenciones y los esfuerzos diplomáticos, ni Mauricio Macri ni su par brasileño Michel Temer podrán resucitar al agonizante Mercosur. Una empresa que, a esta altura, perdió total sentido para la Argentina. Han sido 25 años de un pantano de costosa burocracia, permanentes tensiones internas y una maraña de barreras comerciales que nunca se terminaron de derribar. Y siempre, vuelta a empezar. Sobre todo desde la incorporación de Venezuela a esta parte.

Es hora de admitir el fracaso de este proceso de integración regional para barajar y dar de nuevo, frente a la nueva era mundial marcada por la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca. El impredecible magnate podrá significar una verdadera desgracia para muchos países y bloques, como la Unión Europea, pero sin dudas no es el caso de Argentina y el resto de Latinoamérica. Para nosotros, más bien se abre una enorme oportunidad.

En materia de política exterior, lo más relevante que hizo Macri en los últimos días no fue su visita a Brasilia, sino el entendimiento con la presidente chilena Michelle Bachelet de lanzar en abril una convocatoria a los cancilleres del Mercosur y de la Alianza del Pacífico, bloque del cual nuestro país ya es miembro observador. La convergencia con los países del Pacífico, nuevo epicentro del poder global liderado por China, se presenta como el único camino de sobrevida posible para la entelequia Mercosur.

El aumento de la presencia de China en la región es inminente y explícito. Sus planes y sus programas suelen estar minuciosamente expresados en discursos y documentos oficiales. Tal es el caso del nuevo libro blanco de políticas para América Latina y el Caribe, donde se detallan las intenciones chinas de aumentar de manera exponencial el financiamiento, las inversiones y la cooperación con la región. El documento fue publicado en noviembre último, tras la trascendental gira del presidente Xi Jinping por Perú, Chile y Ecuador.

Xi, que inteligentemente busca posicionarse como nuevo guardián del libre comercio global, asistiría a la próxima reunión de presidentes del Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP, por su sigla en inglés). Esta se realizará en marzo, en Viña del Mar, lo que significaría la segunda incursión de Xi en la región, en menos de cinco meses. En dicha reunión se intentará replantear lo que queda del TPP tras el portazo de Trump, seguramente sin asistentes relevantes del lado estadounidense. Es entonces esperable que China cope la parada con nuevas definiciones sobre su hoja de ruta para Latinoamérica.

Cabe recordar que en 2014 China presentó una propuesta para conformar un vasto tratado de libre comercio para la región, como una alternativa al TPP de Barack Obama. Con el nuevo horizonte abierto a raíz del repliegue proteccionista de Trump, China quiere decididamente relanzar sus propuestas para Latinoamérica. El gran desafío regional es actuar de manera coordinada para, de esa forma, consolidar una posición homogénea y sacar el mayor provecho posible de la situación. Pero mientras no se dé la convergencia Mercosur-Alianza del Pacífico, eso difícilmente pueda lograrse.

Volviendo a la Argentina, también fue oportuna en este contexto la llamada telefónica realizada por Macri al presidente mexicano Enrique Peña Nieto para exhibirle su apoyo frente a los embates de Trump. México es el principal país de la Alianza del Pacífico y, de ser recortado también el NAFTA; una mayor participación mexicana en la región redundaría en múltiples beneficios comerciales para Sudamérica. Las declaraciones conjuntas de Macri y Temer, en Brasilia, fueron acertadamente en esa línea.

En definitiva, hay que dejar rápidamente atrás el enfoque preeminentemente mercosuriano para fijar las prioridades de la política exterior argentina en torno a la región Asia-Pacífico. La Argentina, por su contexto político favorable (algo de lo que carece y probablemente carecerá por largo tiempo Brasil) y su enorme potencial económico está llamada a ser líder regional y protagonista de esta nueva dinámica mundial. Escenario impensado hace tan sólo un par de años, cuando parecíamos tristemente condenados al estancamiento económico y al aislamiento global.

 

El autor es politólogo (UCA) y magíster en Políticas Públicas (Flacso). Docente universitario (UCA) y director de la consultora Diagnóstico Político. Actualmente cursa el Master of China Studies en la Universidad de Zhejiang como becario del Gobierno de la República Popular China.