Los problemas internos volvieron a impedir la conquista de la Ensaladera en otra temporada en la que estaba todo dado para lograrlo. El tandilense, enfrentado con Nalbandian y con el capitán del equipo, es el eje de la discordia

"No estoy para ganarle a Berdych", le dijo Juan Martín del Potro a Carlos Berlocq cuando confirmó en la interna del equipo argentino de Copa Davis que se bajaba de la definición ante la República Checa y allí terminó todo o, tal vez, empezó.
Del Potro no quiere jugar la Copa Davis pero cede ante lo políticamente correcto. Para él es un obstáculo. Su mira está fija en su carrera profesional y no está mal. Lo incorrecto de su decisión de jugar el primer punto de la semifinal fue justamente ese, el de haber aceptado formar parte del equipo. Participar de toda la serie hubiese sido lo correcto -si la jugaba de principio a fin-, tanto como no haber formado parte del equipo -para no crear falsas expectativas-.
El tandilense no está cómodo con el capitán, Martín Jaite: en diciembre pasado se sintió molesto cuando lo nombraron como sucesor de Modesto "Tito" Vázquez sin consultarlo. Él hubiese dicho que no. Sus historias se cruzaron para mal allá por 2008 cuando el ex jugador entrenaba a David Nalbandian. "Delpo" y el cordobés atravesaban el momento más tenso de su eterna rivalidad que explotó en la final perdida ante España en Mar del Plata, en un episodio que no se trató más que de un autoboicot en la lucha por la conquista de ese trofeo que todos dicen preciar pero que ninguno quiere ganar para que el otro no festeje.
Juan Martín del Potro se sabe el jugador más importante del equipo argentino (y lo es), pero sus pretensiones a la hora de dedicar su tiempo a la Copa Davis molestan a todos porque quiere la atención que merecen las estrellas: instalaciones de primer nivel, trato preferencial, quiere ser consultado antes de tomar cada decisión y varias otras cosas que ni con Nalbandian en su mejor momento llegaron a necesitarse.
El enfrentamiento, la falta de entendimiento clave en cualquier objetivo de equipo, quedó expuesto en cada tiempo de descanso del partido que Del Potro le ganó a Stepanek en el partido que dejó a la Argentina 1-0 sobre República Checa, cuando prácticamente no cruzó palabra con Jaite. El tandilense no toma sus consejos, por lo que el capitán no se los da.
No hay vuelta atrás en esta historia. Y aunque la baja de Del Potro pareció ser el fin, en realidad es el principio. Si bien es demasiado pronto para empezar a planificar el camino hacia una nueva temporada de Copa Davis, Jaite no tardará demasiado en decidir el futuro.
Molestaron (y mucho) las palabras del mejor jugador argentino de la actualidad cuando al ganar el primer punto de la semifinal manifestó en sus declaraciones a la prensa que jugaba por la gente y que le dedicaba al público el triunfo pese a los dolores con los que jugó, sin mencionar jamás al resto del equipo del que formaba parte.
Ese grupo al que se sumó el miércoles de la semana pasada cuando los trabajos habían empezado una semana antes y al que tuvo en vilo hasta último momento para confirmar su participación (a la postre a medias). Ese día, Jaite condicionó la presencia del tandilense en el equipo a su presencia en la cena de la AAT que se haría por la noche y a la que "Delpo" no quería ir.
Y aunque todos los tenistas saben que la lesión que lo afecta es complicada (sobre todo si no se trata como corresponde y se fuerza la zona), se preguntan en paralelo: Si se trataba de la final del US Open, ¿se bajaba?
Así las cosas, una nueva oportunidad quedó en el camino. Fue una semifinal pero que pareció tan cercana como las finales de 1981, 2006, 2008 y 2011. La historia por contar dice que David Nalbandian evaluará a fin de año su retiro, que la actitud de Juan Martín del Potro en esta semifinal melló sus posibilidades de ser la mejor raqueta argentina en el futuro más cercano (su continuidad será uno de los principales temas que debatirá el cuerpo técnico), y que el material disponible, entonces, quedará tocado en su potencial de lucha.
Una vez más, el equipo argentino de Copa Davis quedó a las puertas de una conquista harto postergada. Una vez más, jugaron como singlistas. Se olvidaron que la historia de los equipos que ganan no son todos para uno sino uno para todos. Y la Copa… La Copa se mira y no se toca.