Tras un moderado retroceso de 0,5% en mayo, el organismo oficial de estadisticas calculó que en junio no hubo cambios. El desempeño contrastó con los cálculos privados y más aún con el ritmo de hace doce meses

Tras haberse computado tasas de aumento interanual del PBI entre un máximo de 6,1% en enero hasta un mínimo de 4,1% en marzo, el segundo trimestre coronó un período donde la actividad coqueteó con el rango de cero por ciento.
Los cálculos privados recogieron semejante desaceleración, aunque de tasas menos expansivas en los primeros meses del año hasta un bache de menos 3,4% en junio.
Un año atrás, donde el escenario internacional no difería enormemente del cuadro actual, excepto en lo que respecta a las expectativas de las empresas y de los economistas, y en el orden interno no había aparecido el efecto de la sequía, el PBI crecía a una tasa levemente superior a 9 por ciento.
Hoy, los datos del semestre dieron cuenta para el Indec de un derrape del 9,4% a 2,5% de crecimiento acumulado interanual.
Semejante desaceleración estuvo traccionada principalmente por los sectores productores de bienes y de la construcción, junto a los servicios conexos, como el transporte, el comercio y la actividad inmobiliaria.
Semejante debilitamiento superó con creces al que se verifica en las principales economías del planeta, que en el mejor de los casos, no llega a cuatro puntos porcentuales.