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08-08-12

Es la política, estúpidos

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Mauricio Macri no tiene otra chance más que hacerse cargo ya de los subterráneos que sólo recorren su ciudad. El gobierno nacional no puede seguir jugando a hacer campaña para el 2015 mirando impasible un paro de 5 días en un servicio de transporte tan vital. Y ninguno de los habitantes de la Capital tiene por qué seguir soportando semejante destrato de sus servidores públicos a la hora de intentar llegar a su trabajo cada mañana o, simplemente, de poder trasladarse de un lugar a otro. 

El grado de mezquindad al que se ha arrastrado la política argentina es sólo admisible en un país con instituciones primitivas y con un pueblo demasiado tolerante. Casi lindante con la mansedumbre masoquista. Si quienes son los inquilinos del poder pudieran ver que la ley de gravedad no va a ser nunca derogada por voluntad humana, ni aún con un decreto de necesidad y urgencia, notarían que el escupitajo de la inacción política de dejar a un millón de personas sin un medio de transporte vital cada día les va a caer, inevitablemente, encima. 

Esta última medida de fuerza de los metrodelegados no es por una discusión salarial. Porque si así lo fuera, habría que ver de qué se disfrazan los que invocan progresismo para no propiciar que los trabajadores se sienten a la mesa paritaria para corregir los sueldos carcomidos por la inflación.

En cada molinete clausurado, en cada andén vacío de estos días se montó un escenario preelectoral con miras a los comicios del año que viene. Y los rehenes de ese teatro de operaciones son, primero, los usuarios y, un paso atrás, los trabajadores del subte que llegaron a agosto con sus bolsillos más flacos por la inflación que no hace paro ni por capricho del INDEC.

El kirchnerismo ha elegido a Macri como a uno de sus enemigos. Y ya se sabe, a él, ni un vaso de agua, según postulan en los códigos de la “sintonía fina”. El jefe de gobierno de la Ciudad no puede no saberlo. Porque en ese caso, no estaría a la altura de su responsabilidad. Es cansador escuchar las argumentaciones plañideras de algunos funcionarios del PRO que, montados en sus prolijas bicicletas, se quejan de destrato, falta de cumplimiento de la palabra o desprecio de las autoridades nacionales. Eso es, en muchos casos, cierto. ¿Y? ¿No lo sabían a la hora de proponerse en las elecciones? Con tantos asesores de imagen y consultores, ¿desconocían cómo construyen poder desde la vereda de enfrente o esperaban que operase un milagro?

Ni el cardenal Bergoglio, hombre de fe, invoca hechos sobrenaturales para solucionar los problemas que nos aquejan como para que Macri se sienta habilitado a reclamar respuestas venidas del más allá.

Alcanza con gobernar. De lo que se trata es de pensar propuestas de solución alternativa. Y urgentes. Para ofrecerlas a la contraparte con la reserva del caso, sin las torpes filtraciones a la prensa para jugar a ganarse el papel del “muchachito de la película” o para asumirlas, con el coraje y la convicción de la soledad propios del ejercicio del poder.

No sería muy complicado reservarse la pelea de fondo y adelantar los rounds previos. Bastaría que un funcionario de segunda categoría de cada sector (no es necesario que los responsables de los poderes ejecutivos respectivos se “humillen” bajando a abordar un problema tan “prosaico” como el subterráneo) firmasen que no reconocen ninguna de las pretensiones esgrimidas por la otra jurisdicción pero que, al mero efecto de solucionar un problema grave y perentorio como es el transporte público, patrocinan una mesa de negociación en la que destraban fondos, desbloquean cuentas y permiten el aumento de salarios de trabajadores que esperan hace 3 meses que discutan su paritaria. Y el paro, en este y otros casos, se levantaría sin más.

Seguiríamos sí viendo la pelea mezquina pero al menos viajando en subte para llegar a casa a tiempo y pensar en su momento si tales peleadores merecen nuestro voto. Es bueno recordar que en el apartado “al mero efecto de solucionar” del acuerdo propuesto se está invocando a todos los usuarios, a todos los ciudadanos, que con paciencia zen asisten a una egoísta disputa política. Asisten y soportan vaya a saberse hasta cuándo. La ley de gravedad, insisto, no ha sido derogada.