El tribunal dictó sentencia a Javier Weber por el ataque a Corina Fernández, la mujer que realizó 80 denuncias por amenazas de su marido sin lograr una custodia. Tras conocer el fallo, emocionada pidió a las mujeres que denuncien los hechos de violencia

La Justicia condenó a 21 años de prisión al hombre que baleó a su esposa a la salida del colegio de sus hijas. Pese a que el fallo puede ser apelado, esta decisión deja en claro que la culpabilidad del marido está más que probada.
Luego de la sentencia, Corina habló con la prensa y, con la voz entrecortada y los ojos llenos de lágrimas, expresó su satisfacción por la condena.
"No importa cuánto cueste, sólo sé que vale la pena vivir una vida mejor", dijo la mujer, que invitó a las víctimas de la violencia de género a no resignarse: "Lo que puedo decirles es que se animen a denunciar. Y ojalá después tengan protección de la Justicia".
Una historia terrible
Corina Fernández tuvo algunos indicios para sospechar que su marido era una persona violenta, pero no alcanza a distinguirlos con claridad. Recuerda, sin embargo, una vez que le tiró un vaso de Coca Cola en la cara, una de esas noches en que la hacía dormir en el piso.
Se conocieron en Punta del Este hace 15 años, siendo él comerciante y ella diseñadora gráfica. Pero a partir de 2009 Javier Weber comenzó a sospechar que su mujer lo engañaba y a partir de ese momento la situación se agravó cada día más.
Una vez la encerró en la casa que compartían y mandó un remís para que retirara a sus dos hijas del colegio y vieran lo que estaba por hacer. Apoyó a Corina contra una pared y durante 12 horas le tiró cuchillazos. Corina cerraba los ojos y sentía la brisa de los cuchillos rozándole la cara y clavándose en la pared.
Corina lo denunció, pero a Weber sólo le dieron una condena en suspenso por amenazas. La mujer recurrió a la policía otras 80 veces en un año y medio, por las, a esa altura, recurrentes amenazas, pero jamás logró que le pusieran custodia.
Hace dos años, Weber apareció disfrazado de anciano en la puerta del colegio y la baleó. Recién ahí, cuando ya estaba preso, la Justicia se acordó y le puso custodia.
“Los traumas van a quedar para siempre. Durante el juicio no me pude sentar de espaldas a él, y cada vez que entraba a una audiencia preguntaba tres veces si lo habían revisado. Cada vez que se agachaba pensaba que iba a sacar un arma. Pensé en irme del país porque acá, por más que él esté adentro, yo no podría vivir", dijo la mujer al diario Clarín.