Un buen plato de fideos caseros es una invitación para todos los sentidos y, además, son muy fáciles de hacer.
Para la masa vamos a necesitar: un cuarto kilo de harina, una cucharadita de sal fina, 5 huevos y una cucharada de aceite de oliva.
Una vez que tenemos los ingredientes a nuestro alcance podemos empezar.
Primero hay que poner la harina en la mesada en forma de anillo, luego debemos agregarle la sal, los huevos y el aceite.
Con paciencia hay que lograr formar un bollo firme. Puede parecer difícil pero termina saliendo.
Una vez que tenemos el bollo listo hay que amasarlo bien, muy bien, ya que tiene que tomar elasticidad.
Si la masa se pega a la mesada, se debe agregar un poco más de harina y problema resuelto.
Después de este arduo trabajo hay que dividir la masa en 4 bollos más pequeños y dejar descansarla por media hora en la mesada de la cocina.
Con un palo de amasar hay que estirar cada bollo por separado, enharinando la mesada para que no se pegue. Se debe obtener una lámina bien finita de cada bollo.
Espolvoree las láminas de masa con abundante harina y déjelas en la mesada hasta que se sequen.
Si la masa esta muy fresca cuando las cortemos se pegará.
Una vez secas, enrollamos cada lámina, como si fuera un pinoso y cortamos con un buen cuchillo en tajadas.
Si le gustan los fideos finitos hay que cortar más angosto y si le gustan más grandes un poco mas ancho.
Separe las tajadas con las manos y entre sus dedos obtendrá fideos caseros.
Para cocinarlos el secreto está en que apenas floten para que estén al dente.
Los fideos se pueden acompañar con una salsa pomodoro. Con una lata de tomates perita, aceite de oliva y ajo el problema está solucionado.
En una cacerola ponga a rehogar los ajos, bien pelados y aplastados. Luego agregue los tomates bien picaditos y deje hervir unos 10 minutos.
Coloque la pasta en un plato, agregue la salsa y queso provolone recién rallado.
Para acompañar, les recomiendo un Malbec o un Merlot. En el supermercado seguramente encontrará una buena oferta de vinos.