Luego de la convocatoria de la Presidente, aunque sin fecha confirmada, los dos sectores ya iniciaron la pulseada para determinar la nómina de consejeros y el aumento a pedir. El Gobierno tiene el apoyo de "Gordos" y de la CTA de Yasky

Tras la fractura oficializada de la Confederación General del Trabajo, la primera contienda en el campo político será la próxima reunión del Consejo del Salario, que seguramente se realizará durante agosto.
Desde el sector que el lunes mantuvo un encuentro con la Presidente, ya anticiparon que impondrán su mayoría frente a Moyano para lograr un rápido acuerdo que incluirá al sector empresarial y a la CTA oficialista. Traducción: primer "triunfo" político del Gobierno en la disputa sindical.
La nómina sindical del Consejo está integrada por 16 representantes, de los cuales 3 pertenecen a la CTA. El año pasado, el acuerdo elevó el salario mínimo vital y móvil de $1840 a los actuales $2.300, lo que significó un incremento del 25%. Si la negociación de este año va por carrilles similares, el pago mínimo para un trabajador rondaría los $3.000.
Por el sector empresarial participan las cámaras patronales de industriales (UIA), mercantiles (CAC), construcción (CAC), la Bolsa de Comercio y las entidades bancarias y del agro.
Luego de la impugnación del proceso electoral que reeligió a Moyano al frente de la CGT, el listado de miembros por la central sindical debería ser el mismo que el año pasado, donde el antimoyanismo dice tener mayoría.
De concretarse la convocatoria, sería la primera vez desde que se inició el conflicto que moyanistas y antimoyanistas se vean las caras frente a frente.
El sector de los "Gordos", que lideran los grandes gremios como Comercio, Sanidad y Luz y Fuerza, no concurren a la CGT desde hace casi cuatro años, cuando decidieron separarse en disconformidad con Moyano. Mientras que independientes y algunos ex aliados oficializaron su separación meses atrás.
La incógnita está dada por el camino a seguir por Moyano, quien se encuentra en una especie de encerrona. O acepta que el Gobierno designe a los representantes de la CGT en el Consejo, que lo expondría a una derrota administrativa, o deja que participen los mismos que el año pasado, que lo deja prácticamente sin poder de decisión en la negociación.
El tercer camino, que nadie descarta, es que adopte una posición como la de Pablo Micheli en la CTA disidente, que exige fuertes aumentos por fuera de las negociaciones oficiales.