El jugador de la selección argentina de vóley dialogó con Infobae.com y mostró su felicidad por poder participar en los JJOO, donde intentará repetir lo hecho por su padre, que ganó la medalla de bronce en Seúl 1982

Lleva encima un apellido pesado del deporte argentino, pero no obstante su juventud esto parece no pesarle y en la actualidad ya demuestra que es algo natural, aunque no lo sea. Facundo Conte es el hijo del mítico Hugo Conte y para terminar de cerrar este círculo deportivo este muchacho decidió seguir el camino de su padre y es una de las figuras del combinado argentino de vóley, que tendrá la responsabilidad de representar al país en los Juegos Olímpicos de Londres 2012.
Serán las primeras olimpíadas del jugador del Pallavolo Gabeca de Italia, pero no estará solo en esta aventura, porque en el plantel del conjunto nacional hay una gran cantidad jóvenes que darán sus primeros pasos en una competencia de tal magnitud. “A favor, por la edad, nos pueden jugar la inconsciencia y el caradurismo, que es algo que nos ayudó mucho hasta ahora. Eso es fundamental y espero que el equipo no lo pierda nunca, porque eso nos trajo hasta acá”, comentó en diálogo con Infobae.com en un evento organizado por Gillette y Head&Shoulders.
“Lo que nos puede llegar a jugar en contra es la inexperiencia. Nosotros tenemos un problema de continuidad en el juego, ya que tenemos momentos de muy buen juego y otros de más escaso, pero hay que limitar esos márgenes para que el piso no sea tan bajo. Así podemos llevarlo lo más posible para después ir a buscar el techo, que creo que es algo que este equipo aún no lo tiene”, agregó el receptor punta.
Conte mantiene viva la ilusión de repetir o superar lo hecho por su papá y, gracias a los buenos resultados que obtuvo este conjunto en los últimos tiempos, no es el único que sueña con alcanzar una presea.
“Sueño con colgarme una medalla y que el vóley vuelva a tener el lugar que tenía la generación de mi viejo, quienes fueron los únicos que se colgaron medallas, y espero que se nos recuerde por eso. Arrancar nuestra carrera con una medalla sería un gran primer paso”, deslizó.
La pregunta es constante y hasta se torna aburrida, pero se hace imposible no indagar sobre los consejos que Hugo Conte le aporta a este muchacho de solo 22 años. “Mi viejo trata de no meterse mucho, me habla de padre. Lo único que me dijo siempre es que disfrute, porque cuando uno disfruta de lo que hace y se divierte marca una diferencia en el nivel. A pesar de ser tan joven, este equipo cuando se divierte adentro de una cancha se ve otra cosa, otro vóley”, mencionó.
“No sé si se puede repetir lo que hizo la camada de mi padre. Esta es otra generación, aunque sigue siendo la selección de vóley. Espero que sí y que nos colguemos una medalla, pero no es porque quiero esto porque ellos lo hayan hecho, sino porque me quiero cantar el himno desde el podio”, contó, y de esta manera terminó por demostrar el amor por la camiseta o la bandera que tienen muchos de los deportistas olímpicos y quizás pocas veces sea resaltado.
Igualmente, no todo fue color de rosa en su vida y menos en sus inicios, cuando muchos de sus rivales le marcaron el terreno sólo por “el hijo de”, algo que suele suceder y que no todos suele superar. “Al principio fue difícil, porque cuando estaba empezando a jugar había mucho del qué dirán. Hoy, por suerte, esa mochila no me la saqué, porque la tengo, pero ya no me pesa. En su momento quería dejar, aunque no lo hice porque disfrutaba de lo que hacía. Tenía 15 años, fue un año difícil y después de a poco me hice un lugar”, recordó.
“En mis inicios el del otro equipo me hacía un punto a mí y lo sentían todos, era como hacerle un punto a Hugo Conte. Eso era duro. Cuando me empezaron a salir las cosas jugué con eso y era bastante sobrador al principio, pero eso me ayudó a madurar y a entender a los de afuera. Estoy muy feliz de ser el hijo de Hugo”, finalizó Facundo, quien es una de las estrellas de una camada que promete, y mucho.