En 501-502, su opera prima, Rodrigo Figueroa Reyes intenta narrar un policial al estilo hollywoodense, pero con un escenario que nos atraviesa. Dictadura, apropiación de hijos y corrupción, en un libro atrapante, que invita a pensar

Mucho se ha escrito sobre la última dictadura, y no son pocos los que han tomado el tema para dar vida a historias reales, o al menos posibles. A este último grupo pertenece el libro 501-502, de Rodrigo Figueroa Reyes, una historia que tiene como protagonistas a dos hermanos expropiados y separados al nacer, y que acaba de salir a la venta en momentos en que la Justicia condeno a varios de los jerarcas de la última dictadura por el delito de expropiación de bebés.
"Soy un publicista, no milito en los derechos humanos, por lo que sería una mentira decir que lo escribí por una cuestión ideológica. Lo escribí más que nada porque quería hacer un libro que terminara en una película. Y la misma historia después me fue llevando", se sincera el autor en un interesante diálogo con Infobae.com, en donde dará detalles de cómo llegó a narrar este policial que intenta retratar, de alguna manera, una herida grande de la historia argentina reciente.
Martín y Gonzalo son los protagonistas de 501-502, dos hijos de una detenida durante la última dictadura militar, que nacen el mismo día que la selección argentina de fútbol obtenía el campeonato mundial de 1978, al vencer a Holanda por 3 a 1.
En un centro de detención, una joven da a luz a los mellizos, que son separados en el mismo momento en que su madre muere. Uno, Gonzalo, es apropiado por uno de los jerarcas militares, que le da una vida de lujos y oportunidades; el otro, Martín, termina en poder de la partera, una humilde mujer que vive en una de las villas más peligrosas de la ciudad de Buenos Aires.
Uno y otro tendrán una vida tan dispar como los mundos a los que pertenecen, pero se rencontrarán 34 años después de su nacimiento, cuando Martín, enterado de que era hijo de una detenida-desaparecida, decide vengarse contra su apropiador.
"Lo pensé más que nada como una película al estilo de las de mafia, como Buenos Muchachos, pero dentro de nuestra historia. Al escribirlo me fui dando cuenta de que es una herida que no está cerrada. Y de ahí el título, porque había escuchado a Estela Carlotto decir que no iban a parar hasta recuperar al nieto 500", explica Rodrigo Figueroa Reyes.
La particularidad del autor es que no pertenece al mundo literario ni al periodístico. Se trata de un publicista con una dilatada trayectoria, que ha obtenido importantes premios y reconocimientos en todo el mundo.
Pese a que nunca militó en organismos de derechos humanos, Rodrigo explica que de alguna manera el tema "también te traiciona en el inconsciente, porque es algo que está tan latente, y que sirvió como un buen marco histórico". "Me pasó que me dio un poco más de sensibilidad estas cosas que pasaron. Es un tema muy delicado", agrega.
La historia está atravesada por un vértigo cinematográfico ("ya está financiada la película", explica el autor), y final tan sorprendente como inesperado, que cambiará de alguna manera la trama de la novela.
Pero además, salió a la venta en el mismo momento que la Justicia condenó al represor Jorge Rafael Videla a 50 años de cárcel por el robo de bebés durante la última dictadura. ¿Casualidad? Nada de eso, según el autor.
"Fue un golpe fuerte, porque estuve tres años haciéndolo el libro. Y sacarlo a la calle en el mismo momento que pase esto, fue como un schock. Pero en el fondo no es tan casualidad, porque esto es algo que pasa permanentemente, son heridas que no cierran".
Para Figueroa Reyes, el libro, además de estar pensado como una especie de storyboard para un film, "tiene algo del ser argentino interesante". Y algo de eso hay, porque si bien es un policial bien al estilo norteamericano, refleja una de las historias más negras y oscuras de la Argentina de finales de siglo XX. Algo que, de alguna manera, marcó a las generaciones futuras con una herida difícil de cerrar.