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12-07-12 | Opinión

No cambiamos más

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Los héroes deportivos no son perfectos. Cuando el público los eleva al altar de los dioses no se fija en cuántas veces se equivocó sino en cuántas triunfó. En la Argentina, esta devoción suele ser exagerada. Los argentinos somos desmedidos.

Es normal ver en cualquier casa de nuestro país un poster de Maradona, Ortega o Riquelme, y solamente en las escuelas un cuadro con el retrato de San Martín, Belgrano o Favaloro. Es lógico. E increíble. Resultan ser más valoradas las hazañas deportivas con las camisetas más populares que el legado patriótico y sanitario que nos pudieran haber dejado cualquiera de nuestros próceres. Lo peor del caso es que no parece que vayamos a cambiar en los próximos 200 años.

Esta situación tiene mucho de absurdo. Ocurre que el humor de los argentinos depende del comportamiento y resultado del jugador de moda. Cuando éramos chicos pasaba lo mismo. En 1978 sólo importaba ser campeones del mundo. 

Cuatro años más tarde ignoramos a los miles de jóvenes que fueron a poner en riesgo su vida a las Islas Malvinas mientras parecía que lo realmente trascendental ocurría en España con la desilusión de la mejor selección de nuestra historia. Diego Maradona tendría su revancha 4 años después. Los soldaditos no. Y no es culpa de Diego, para nada. En todo caso, si Maradona se equivocara alguna vez, como seguramente lo habrá hecho en varias oportunidades, es problema de Maradona. 

En realidad, el conflicto lo tenemos todos nosotros que le exigimos a Diego que sea perfecto e impoluto, lo veneramos cuando gana y lo destruimos cuando tropieza. Como si alguno de los 40 millones de argentinos fuera perfecto... ¿Qué tenemos en la cabeza para sentir más identificación con Riquelme u Ortega que con el Libertador o el creador de la bandera? ¿Por qué pueden juntarse más de 5 mil personas a mostrar su indignación porque su ídolo se va de Boca y no hubo nunca una mísera marcha para conseguir que al Dr. Favaloro se lo escuchara y, de esa manera, evitar su fallecimiento? ¿Por qué hay tantos chicos que llevan por nombre Ariel debido a que su padre es fanático del "Burrito" y casi no hay ningún Manuel o José, en alusión a los padres de la patria? Y si tanto los queremos a nuestros ídolos deportivos, ¿por qué no les perdonamos una si llegan a trastabillar? Tal vez, será que la admiración nada tiene que ver con el respeto en nuestra sociedad. 

Intuyo que San Martín o Belgrano estarán felices de no ser receptores de semejante admiración. A veces es mejor la indiferencia. Uno es lo que hace, no lo que dice, ni mucho menos lo que los demás digan de uno. Si los argentinos no aprendemos a proteger el pasado, a ordenar debidamente la escala de valores sociales, a simplemente disfrutar lo que no es otra cosa que un juego, entonces vamos mal.

Evidentemente, San Martín, Belgrano, Favaloro, Maradona, Riquelme y Ortega nacieron en el país equivocado.

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