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14-05-12 | Opinión

Pobre San Lorenzo

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No puedo creer lo que acabo de ver. Sinceramente, reconozco que soy de los que creen que las peleas entre hombres a través de Twitter o cámaras de televisión obedecen más a cobardes ególatras, enamorados de sí mismos, incapaces de mirar a los ojos y resolver como se debe las diferencias que puedan tener con otra persona. Desde que el mundo es mundo, que dos hombres se agarren a trompadas es normal, casi un honor para los contendientes. A su vez, desde que tengo uso de razón, cuando de un lado hay uno solo y del otro más de uno, ahí la historia cambia. En el barrio los llamábamos "patoteros". 

Lo que hizo Fabián García, ayudante del ex entrenador de San Lorenzo Leo Madelón, según Ricardo Caruso Lombardi, no se hace. Hace varias semanas que García viene comentando entre sus amigos que tenía ganas de pegarle a Caruso. Su enojo nace en el supuesto lobby hecho por el actual entrenador para que los echaran del club de Boedo y así poder asumir él en pleno Clausura. Se equivoca García. A Madelón no lo echó Caruso. A Madelón lo echaron los resultados, la histeria reinante en nuestro fútbol y la desconfianza que casi toda la dirigencia tenía hacia su trabajo. Y lo que más le duele es que desde que ellos se fueron el equipo no perdió más. Con toda esa calentura a cuestas no tuvo mejor idea que aparecerse acompañado frente al Canal TyC Sports, y descargarse con un par de golpes ante un desprevenido Caruso. 

Por otro lado, Caruso es bocón. Según él mismo, si no se calla nunca es porque nadie va a salir a defenderlo de todas las injusticias que se puedan cometer con él y sus dirigidos. Siempre fue así. El perfil mediático del ex entrenador de Racing y Quilmes no es nuevo; siempre fue así. Así como no sabe cerrar la boca en los medios, tampoco la supo cerrar en la calle, y recordó un incidente, desagradable por cierto, que le tocó vivir a García. Hace 4 años, el agresor de esta tarde ingresaba a su casa en el barrio de Parque Chacabuco y un hombre armado intentó ingresar también para robar y probablemente lastimar a cualquiera que pudiera resistirse. El forcejeo entre el dueño de casa y el delincuente derivó en un disparo que acabó con la vida del malhechor. Fue claramente en defensa propia, dentro de su casa, puro instinto de supervivencia, tremendamente traumático. 

Con ambos protagonistas de este escándalo demorados en la comisaría 16, el hecho toma una trascendencia desmedida. Si se hubieran agarrado en la plaza, mano a mano, no habría nada para reprocharles. Es más, yo los hubiera felicitado. No fue el caso. Uno se apareció acompañado, y el otro, con las cámaras prendidas, lo acusó de lo más feo que te puedan acusar. Es un bochorno. Esta imagen ya está recorriendo el mundo. Y no la protagonizan dos vecinos de Buenos Aires, sino dos personas identificadas con San Lorenzo de Almagro, club demasiado grande como para vivir todo lo que está viviendo. Con la angustiante pelea por permanecer en Primera ya tenía suficiente. Lo último que necesitaba era aparecer en los diarios, otra vez, por un hecho policial.

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