El célebre escritor y periodista moría en Buenos Aires a los 54 años, tras perder una larga batalla contra el cáncer de pulmón. El autor de “No habrá más penas ni olvido” y “Triste, solitario y final” fue uno de los novelistas más populares en las últimas décadas de las letras argentinas

La realidad social, la historia política y sus propias vivencias circulan a menudo por su obra, que se despliega en ficciones literarias y columnas periodísticas. "Un grande, como Arlt y como Cortázar, que fundó su propio lenguaje y su propio reino de imaginación", lo definió el escritor Tomás Eloy Martínez.
Noctámbulo y apasionado por el fútbol y los gatos, publicó siete novelas con gran éxito de ventas, aunque la crítica académica local le fuera esquiva.
Con gran fama fuera de su país, "se fue, como corresponde a un argentino cabal, sin haber recibido nunca ninguno de los numerosos premios oficiales o institucionales que este país concede a otros con menos obra, menos talento y menos grandeza creadora", escribió Eloy Martínez en Página/12 al día siguiente de la muerte de Soriano.
Nació un 6 de enero de 1943 en Mar del Plata, hijo de un catalán inspector de Obras Sanitarias y una tandilense. Por el trabajo de su padre, pasó una infancia errante por pueblos del interior del país, incluyendo una estancia en Río Negro, hasta recalar en Tandil, provincia de Buenos Aires.
Ese nomadismo y desarraigo le aportarían una galería de entrañables personajes, entre ellos los perdedores. "Acaso cometo el error de vestir a los perdedores con el ropaje de los sueños", admitió alguna vez.
Tras pasar por varios empleos, a los 26 años Soriano se trasladó a Buenos Aires para integrarse a la revista Primera Plana, en el inicio de un largo trajín por las redacciones porteñas. Trabajó en La Opinión de Jacobo Timerman . Además cofundó Página/12 en 1987, donde publicaba sus columnas en contratapa.
"El Gordo", como lo llamaban sus amigos, nunca terminó el ciclo secundario y ganó sus primeros pesos jugando al fútbol, aunque una lesión truncó pronto su carrera. Ya de muy joven comenzó a escribir sus cuentos –algunos de ellos sobre la pasión por la redonda– y devino en cronista deportivo agudo y entusiasta. Publicó su primera y original novela Triste, solitario y final en 1973. Protagonizada entre otros por Stan Laurel, Philip Marlowe y un Soriano de ficción, gozó de muy buena recepción y fue traducida a una docena de idiomas.
El advenimiento de la dictadura militar en 1976 ló obligó a exiliarse, primero en Bruselas –donde conoció a su esposa Catherine– y luego en París. "En esos años vergonzosos se impusieron los valores del éxito a cualquier costo por sobre la idea de felicidad compartida", escribió Soriano.
Por entonces se editó No habrá más penas ni olvido (1978), sobre el enfrentamiento entre dos facciones del peronismo en una localidad del interior, y Cuarteles de invierno (1980), historia que une a un cantor de tangos y un boxeador y fue elegida en 1981 la mejor novela extranjera del año en Italia.
En las páginas de No habrá más penas ni olvido, uno de sus personajes pronuncia la ya célebre frase: "Si yo nunca me metí en política, siempre fui peronista". El propio escritor relataba que hasta los 13 años adhirió al movimiento encabezado por Juan Domingo Perón.
La novela fue llevada a la pantalla grande por Héctor Olivera y conquistó el Oso de Plata en el Festival de Cine de Berlín. Asimismo Cuarteles de invierno y Una sombra ya pronto serás también tuvieron versiones cinematográficas.
Con el advenimiento de la democracia, Soriano continuó con su carrera literaria, publicó las novelas A sus plantas rendido un león (1986), Una sombra ya pronto serás (1990), El ojo de la patria (1992) y La hora sin sombra (1995) y luego fue distinguido con el Raymond Chandler Award. En tanto, Artistas, locos y criminales (1984), Rebeldes, soñadores y fugitivos (1988), Cuentos de los años felices (1993), Piratas, fantasmas y dinosaurios (1996)" y Arqueros, ilusionistas y goleadores (1998) recopilan relatos, notas y escritos del fanático del club San Lorenzo que sostenía que un escritor sin gato es como un ciego sin lazarillo.
De tanto en tanto, a Soriano le gustaba publicar un libro que reuniera sus ficciones y artículos. "Al armarlo como un rompecabezas me pregunto si este o aquel texto debe ir al comienzo o al final. Después, todo es bastante arbitrario y caótico; los cuentos se mezclan con los homenajes, las evocaciones con los apuntes y las narraciones con las historias de fútbol. Así me gusta leerlos a mí y mientras los reviso y los corrijo pienso que son fragmentos de los instantes más felices de mi vida".