Le ganó a Chile y a Venezuela de manera merecida. Pero, ¿sirven estos rivales para juzgar dónde se encuentra parado, en estos momentos, el equipo dirigido por Alfio Basile?

Haberle ganado a Chile con dos golazos de pelota parada y a Venezuela con un 2 a 0 que pudo ser un 3 o 4 o 5 a 0 deja la tranquilidad de un liderazgo absoluto en las eliminatorias con miras al Mundial de Sudáfrica 2010. Pero también, este resultado arroja un signo de interrogación respecto de cuál es el verdadero nivel del equipo.
Ni chilenos ni venezolanos son ni tendrían que serlo- parámetros para el equipo de Basile. Se sabe que ninguno de esos dos conjuntos están a la altura de la albiceleste.
Ellos no tienen a Riquelme ni Messi ni Tevez ni Agüero. Tiene, en algunos casos, resabios del pasado, viejas glorias que ya no son los que eran, y promesas que no se consolidaron.
Argentina, por su parte, cuenta con todo. Lionel Messi es en la actualidad uno de los mejores jugadores del mundo y si nos guiamos por lo que dice la prensa española en cada nota, es el mejor, lejos.
Juan Román Riquelme no juega pero cuando sale a la cancha se le nota no sólo el oficio sino su calidad; es un grande, está más allá de todos.
Carlos Tevez no pudo demostrar en estos dos choques su extraordinaria calidad; calidad que, dicho sea de paso, lo lleva derecho a convertirse en un ídolo de los hinchas del Manchester; un toro de las pampas en tierras de dandies.
Sergio Agüero, por su parte, es otro geniecillo: inspirado, con él cualquier equipo roba.
Sólo con estos cuatro jugadores uno sabe que tiene un equipo superior al resto. Ahora, la pregunta es la siguiente: ¿Por qué el equipo sigue sin aparecer? Y otra más: ¿por qué Argentina no es el que tiene que ser?
Las victorias ante Chile y Venezuela dejaron un sabor agridulce. Es que a la alegría de ver a algunas jugadores argentinos en canchas argentinas se le agrega, insoslayablemente, el interrogante de por qué no se pudo ganar con mayor diferencia y con mejor juego ante dos rivales que, a todas luces, son inferiores.
Hace tiempo que esperamos que pase el tiempo; que decimos que al equipo le falta armarse y a sus jugadores acostumbrarse a jugar juntos. Hace años, quizás, que pasan estas cosas. Es decir, sobra la ilusión. Pero también sobran las excusas. Andamos bárbaro en las rectas, pero en la línea de llegada, por h o por b, siempre tropezamos.