Gustavo Kuerten estuvo en la cima del tenis, ganó tres Roland Garros y desde hace tiempo las lesiones le quitaron protagonismo. De todas formas, él siente orgullo por acercar el deporte a "la gente sencilla". Su historia

Llegó a ser número uno del mundo en diciembre de 2000 y mantuvo esa jerarquía durante buena parte del año siguiente. Ganó tres títulos de Roland Garros la misma marca que ostenta actualmente Rafael Nadal- y cosechó en total 20 títulos y casi 15 millones de dólares en premios.
Sin embargo, Gustavo Kuerten ha sido siempre un tipo accesible dentro del circuito. Sencillo, humilde. Lo suficiente para entender que, cuando las reiteradas lesiones en la espalda lo maltrataron casi sin tregua, debía concentrar sus energías en otra cosa, aunque sin bajar los brazos.
Así, se distrajo con el windsurf (otra de sus pasiones) y construyó una fundación que lleva su nombre con el objetivo de generar soluciones en la búsqueda de una sociedad más justa.
"Estoy muy ilusionado con mi Fundación, es el gran desafío de mi vida. Dentro de algunos años van a pasar muchas más cosas de las que he vivido en el tenis. Me tengo que preparar para ese desafío, hacer de mi Fundación algo productivo para Brasil. Quiero desarrollar proyectos de educación, de deporte, con las personas deficientes. Eso me da un horizonte vital", fue la respuesta de Guga al ser consultado por el diario As sobre cómo ocupó su tiempo a partir de las lesiones.
El tenista brasileño, que ganó el Abierto de Francia en 1997, 2000 y 2001, desestimó la posibilidad de retirarse y cree que le quedan "dos o tres años más" de profesional: "Me gusta mucho jugar. En diez años ya no podré hacerlo y tengo que aprovechar cada oportunidad".
De todos modos, para Kuerten, actualmente ubicado en el puesto 653 del ránking, no todo es alegría y optimismo: "Lo que más cambió para mí es que siempre he buscado unos objetivos y los he logrado, me sentía limitado por las lesiones".
"Estuve confuso, sin saber cómo podría salir. Pero también es una experiencia a la que he conseguido adaptarme. Creo que tengo inteligencia para saber que debo asumir la realidad. Frustrarme no me ayudaría. No ser competitivo sí que me incomoda", se lamentó, pese a que reconoció ser "más feliz" cuando juega dobles.
Precisamente ayer, Kuerten cayó junto a otro ex número uno, el español Carlos Moyá, ante la pareja argentina conformada por Guillermo Cañas y David Nalbandian, quienes se impusieron por 6-3, 4-6 y 12-10 y avanzaron a la segunda ronda del Masters Series de Madrid en esa modalidad.
Comprometido con las causas sociales, Guga mira con cierto aire crítico las vanidades y el glamour del circuito: "El tenis es un deporte muy atrayente. Y eso hace que los jugadores se sientan a veces celestiales, un nivel por encima del resto. Hay un lado positivo: los grandes empresarios y fortunas se aficionan. Pero los jugadores quedan alejados de las clases sencillas".
"Pero ha sido así desde que empezó, se ha asociado siempre a las causas más altas. Conmigo, las personas sencillas se acercaron más al tenis. Pero no creo que vayamos a perder la esencia de este deporte, que es el más complejo".
Por último, al ser consultado sobre cómo imagina un choque en polvo de ladrillo entre el mejor Kuerten y el Nadal actual, señaló: "Sería deslumbrante, bastante motivante para mí, pero no veo muy realista en estos momentos volver a llegar a mi mejor nivel. Quizá el próximo año...".
"Mi idea", continuó, "es jugar algunos torneos individuales y jugar a gran nivel. Pero llevo intentándolo muchos años y aún no lo he logrado. No creo que pueda llegar a estar como antes, pero quiero ser competitivo y elegir torneos que me gusten".