Los restos del genial escritor y humorista rosarino fueron inhumados este viernes al mediodía en un cementerio privado de Granadero Baigorria, hasta donde llegaron su madre, su mujer y su hijo Franco, además de familiares y allegados
Sin flores, a pedido de sus más cercanos, el escritor fue sepultado, en el Parque de la Eternidad, un cementerio situado en la ciudad santafesina de Granadero Baigorria, con una camiseta del club Rosario Central, que desde un primer momento fue apoyada sobre su cuerpo.
El trayecto hasta la morada final del escritor incluyó una pasada por el estadio del Club Atlético Rosario Central, el "Gigante de Arroyito", donde se abrieron las puertas para brindar un sentido homenaje a quien fue uno de sus hinchas más apasionados y famosos.
La sala velatoria que se utilizó está situada en el barrio Pichincha, donde también nació su gran amigo "El Negro Olmedo" y con el que muchos dicen que fue a encontrarse. La familia pidió que no enviaran arreglos florales pero que quienes deseen hacerlo destinen el importe al Hospital de Niños Zona Norte.
Entre las cientos de personas que fueron a despedirlo están sus íntimos amigos del dibujo, Crist y Caloi, el integrante de Les Luthiers Marcos Mundstock, y el ex capitán de Rosario Central Cristian "Kily" González, quien destacó que es un "orgullo" tener en la actual camiseta el sello de la genialidad de Fontanarrosa.
Los humoristas gráficos Daniel Paz, Nik, Sendra, Langer y Marito aprovecharon sus habituales espacios en los principales matutinos porteños para rendirle también homenaje. "Qué lo parió", la célebre frase del perro Mendieta, uno de sus personajes más queridos, fue utilizada por los entristecidos dibujantes y también por los homenajes que le rindieron en el diario Clarín -a través de un suplemento especial- y Olé.
Un Mendieta lloroso acompañó al "Gaturro" de Nik, a la "Nelly" de Langer, y solitario espera la llegada de su inseparable Inodoro Pereyra en la portada de Página/12. En el tradicional recuadro que desde hace años Fontanarrosa ocupaba en la página dos de Clarín, quedó hoy un espacio en blanco con la frase "Adiós, maestro".
El genial creador rosarino que llegó a posicionarse como uno de los escritores y humoristas más populares de la Argentina, murió a los 62 años, en su ciudad natal, rodeado del afecto de sus seres queridos y del que le prodigaron en los últimos años sus agradecidos lectores.
El "padre" de "Inodoro Pereyra" y "Boogie, el aceitoso" falleció como consecuencia de un paro cardíaco que marcó el epílogo del calvario que, siempre con buen ánimo, sobrellevó el escritor en los últimos años, a raíz de una extraña enfermedad neurológica y degenerativa.
Los familiares y allegados más cercanos revelaron que hasta casi último momento, el "Negro" mantuvo su lucidez y, de hecho, en las últimas 48 horas previas a la muerte compartió un asado con amigos, dictó parte de un cuento y corrigió material para una viñeta que debía ser publicada en el diario en que trabajaba.
Apenas se conoció la noticia, todo rosarino -sin distinción entre fanáticos acérrimos de Central, como él, y sus eternos rivales de Newell's- sintió el impacto de la pérdida, y las legiones de amigos y de admiradores comenzaron a desfilar por el Sanatorio Centro, donde pasó sus últimos minutos.
Las expresiones de congoja se repitieron, con el correr de la tarde, en otros puntos de la ciudad: frente a su casa, en el bar "El Cairo", donde pasó gran cantidad de horas junto a sus amigos de "La mesa de los galanes", o en su nuevo punto de "parada", el café "La Sede".
La muerte del "Negro" Fontanarrosa tuvo una rápida repercusión, no sólo en Rosario, sino en el país y en el exterior, a tal punto que horas más tarde de conocida la noticia de su muerte la Secretaría de Cultura de la Nación declaró día de duelo de la cultura nacional.
Poco después de que se confirmara la muerte del querido escritor, el gobierno santafesino decretó el luto provincial y luego la intendencia rosarina ofreció su sede para realizar allí el velatorio.
Dos sillas vacías
Cientos de jóvenes decidieron rendirle un homenaje desplegando una enorme bandera con su rostro y los colores del club de sus amores y se acercaron hasta la sala con la butaca donde se sentaba el humorista en la cancha.
"El lugar donde estaba sentado Fontanarrosa quedará libre, es una decisión que tomamos y que seguramente compartirá la gente. Esperemos que el club también lo acate", afirmó Pablo, uno de los precursores de esa idea.
La silla que ocupaba cada vez que se reunía con sus amigos, "los galanes", en el emblemático bar "El Cairo" y la butaca en el estadio del club de sus amores, Rosario Central, quedaron vacías anoche y ese fue el homenaje de sus admiradores.
El presidente del club Rosario Central, Pablo Scarabino, afirmó en las afueras de la casa de sepelios que el espacio vacío que dejó la butaca "será llenado con el espíritu del 'Negro' porque él es único, como Maradona, o Mario Kempes, o el Papa", ejemplificó.
Repercusiones en el Gobierno
El ministro del Interior, Aníbal Fernández, confió que cuando él y varios funcionarios se encontraban en el teatro Argentino de La Plata y se enteraron del fallecimiento, se sientieron "medio golpeados", y consideró que "fue una pérdida muy grande".
Fernández lamentó no haberle podido comentar al presidente, Néstor Kirchner, o a su esposa, Cristina Fernández, que en ese preciso instante estaba pronunciando su discurso de lanzamiento, que Fontanarrosa había muerto.
Fontanarrosa "se ganó un espacio en el mundo de la cultura, ya que excedía al humorista, era un hombre íntegro, y era importante para todos".
El funcionario señaló que cuando el locutor oficial en el acto "hizo el comentario, recibió un cerrado aplauso, como no podía ser de otra manera, porque fue una pérdida muy grande".
Fuente: NA y Reuters