Esta vez los ataques tuvieron como objetivo a policías paquistaníes y a ingenieros chinos, cuyo país es uno de los aliados esenciales del régimen de Pervez Musharraf

Un total de 32 personas murieron y una treintena sufrieron heridas graves por la explosión de una bomba al paso del convoy de ingenieros en el sur del país, mientras que un atentado suicida en un centro de entrenamiento de la Policía en el norte causó otros nueve muertos y 28 heridos.
El ataque más sangriento se produjo en la localidad de Hub, en la provincia sureña de Baluchistán, cuando una potente bomba colocada en un coche aparcado estalló al paso de un convoy de ingenieros chinos con escolta paquistaní.
El artefacto explotó "dos o tres" segundos después de que pasara el autobús en el que viajaban los ingenieros, que resultaron ilesos, pero destruyó cuatro vehículos de la escolta policial, además de dañar otra quincena de autos y motocicletas y 25 casas y tiendas de las proximidades.
La explosión y el fuego de respuesta de los policías y escoltas causó también bajas entre personas que se hallaban en el lugar. Unos 30 heridos fueron trasladados en estado crítico al hospital de la sureña Karachi, capital de la vecina provincia de Sindh.
El hecho de que los ingenieros circularan cada mañana por la misma carretera -que une Karachi con Baluchistán- llevó al inspector general de la policía fronteriza, el general Salim Ullah, a asegurar que el acto era premeditado y que los chinos eran el objetivo.
El otro ataque causó al menos nueve muertos y 28 heridos cuando un suicida estrelló su vehículo cargado de explosivos contra la puerta del Centro de Entrenamiento de Policía de Hangu, a unos 90 kilómetros al sur de Peshawar, capital de la norteña Provincia de la Frontera del Noroeste.
Son ya nueve los atentados que se han cobrado la vida de 141 personas y causado heridas a decenas en los seis días transcurridos desde que acabó el asalto militar contra los radicales islámicos atrincherados en la Mezquita Roja de Islamabad.
Fuentes oficiales no han dudado en atribuir inmediatamente su autoría a extremistas que quieren vengar a los muertos en la mezquita, incluso cuando el objetivo no han sido fuerzas del régimen o sus aliados sino miembros de la oposición.
La sangría que sufre Pakistán estos días ha permitido a Musharraf presentarse como único garante del mantenimiento de la seguridad en el país y reafirmarse en su plan de buscar este año la reelección como presidente sin abandonar el uniforme de jefe del Ejército.
Las críticas internacionales que sus intenciones, de cuestionable constitucionalidad, habían suscitado se han aguado en los aplausos por su manejo de la crisis en la Mezquita Roja, donde 103 personas murieron según la cifra oficial, aunque una fuente de los servicios secretos la elevó a 300 y la oposición islamista a un millar.
La prensa de Islamabad, en sus editoriales de hoy, conviene con el presidente en que imponer el estado de excepción puede no ser el remedio a la cadena de atentados en marcha, aunque el crítico "Dawn" le matiza que lo que padece Pakistán no es un "simple deterioro de la situación de ley y orden" sino una "guerra desatada por terroristas religiosos".
"Dawn" conminó a Musharraf a fijar una fecha para los comicios pues la demora en hacerlo contribuye a aumentar la "sensación de incertidumbre y de crisis" e impide que el pueblo y los partidos encaucen su atención y energías hacia una vía electoral democrática.
Más ácida, la opinión de Kamran Shafi en el Daily Times es que Musharraf sólo actúa contra los extremistas cuando lo aprietan sus dos grandes "benefactores", los EEUU y China, país éste que le exigió castigar a los "criminales" de la Mezquita Roja que habían sido secuestrado a varios ciudadanos chinos.
A los dos días se inició el asalto, demorado durante meses de radicalización y provocaciones al Gobierno de sus clérigos y estudiantes.
El presidente buscó ayer la simpatía de la prensa en un encuentro con editores de medios de comunicación en Islamabad, ante los que mantuvo que sólo un "mando unificado", que él ofrece como jefe del Gobierno y el Ejército, puede combatir a las "fuerzas del extremismo y el terrorismo" en Pakistán.
Fuente: EFE y AFP-NA