Se acordaron en todo momento de su máximo rival, Huracán, y de Boca, el principal adversario en esta lucha por el título del Torneo Clausura
Como el historial los sigue favoreciendo frente a esos adversarios, los azulgranas cantaban insistentemente "que los 'quemeros' y los 'bosteros', están gritando 'papá campeón'".
Así que no sorprendió que después de la aparición de los telones, uno rayado en la tribuna local y otro que dice "La Gloriosa" en la platea descubierta, saliera a relucir una bandera mucho más pequeña con la leyenda "papá campeón", con destinatarios obvios.
Tanta alegría explotó con el 2 a 0, se apagó con el empate transitorio al que llegó Arsenal y renació como el ave fénix después del 4 a 2, para extenderse tras los 30 minutos del segundo tiempo.
Incluso hubo momentos difíciles en la platea cubierta, ahí cerca de los palcos de prensa, porque tres señores padres de familia, riñeron delante de sus parientes, que los miraban desesperados.
Hubo forcejeos previos y todo estalló con la finalización del primer tiempo: un hincha con camiseta de San Lorenzo se peleaba a trompadas con dos hermanos mellizos, pero sus respectivos chiquillos lloraban desconsolados y eran calmados por la gente, en tanto que otros plateístas realizaban "la tarea del león", consistente en separarlos.
También hubo adolescentes que les reclamaban a viva voz que respetaran a sus hijos y ningún policía o personal de seguridad que intercediera.
¿Qué había pasado? Uno insultaba a los jugadores pidiendo que "pusieran huevos" y el otro le había reclamado que se dedicara a alentar.
Los festejos en la cancha
Más normal fue lo que ocurrió en el campo de juego al final del partido. No hubo invasión, los jugadores le dieron la ropa a quien quisieron, uno incluso la cambió con un colega de Arsenal que se fue tranquilo a los vestuarios junto al resto de sus compañeros y todo quedó para los locales.
Algunos futbolistas del "Ciclón", previsores, quedaron en calzas blancas, para evitar andar en slip y pronto los protagonistas estuvieron en lo alto de un alambrado, cantando junto a la hinchada.
Hubo vuelta multitudinaria, con "colados" que siempre aparecen y muchísimas cámaras, pero todo el mundo disfrutó.
Entró una comparsa y, en un escenario se entregaron medallas recordatorias, todo bien llevado por un locutor de voz diáfana, que repasaba las diez consagraciones azulgranas al detalle.
Finalmente todo se oscureció para dar paso a los fuegos artificiales. Afuera, se pobló el barrio precario de la vereda de enfrente del estadio, con todos sus vecinos en la puerta de sus casas y la masa azulgrana salió a recorrer Buenos Aires.
Son los nuevos campeones del fútbol argentino, madrugaron al rival histórico, Huracán, que lucha por la vuelta a Primera, y postergaron a Boca. No pueden pedir más.