"Las cosas que me han pasado parecen justas para hacer una película", describe Martín Palermo y el plano fáctico parece darle la razón. Algunas de sus grandes conquistas con la 9 sobre sus espaldas
La muestra que aún no puede salir de la retina de los futboleros está en el histórico tanto que le convirtió el sábado a Independiente que sirvió para sellar la victoria en un clásico con dientes apretados.
Cuando arreciaban las críticas por sus bajas actuaciones y después en un partido en el que su presencia volvió a pasar inadvertida, Palermo volvió a sacar el fuego sagrado de los elegidos y el gran goleador de Boca embocó un tiro imposible desde la mitad de la cancha, que se coló a pocos centímetros abajo del travesaño del arco que defendía un desconsolado Oscar Ustari.
El gol lo convirtió en el personaje del fin de semana para el prestigioso diario deportivo Gazzetta dello Sport. Para Palermo, las cosas en esos momentos parecen más simple que para el resto de los mortales.
"Cuando le robé la pelota a Rodrigo Díaz levanté la cabeza y le pegué. Gracias a Dios tomé la decisión correcta. También es importante la intuición, la misma que tuve minutos antes cuando la mandé por arriba", describió en declaraciones radiales citadas por la agencia DyN.
Ese mismo fuego sagrado fue el que en otras ocasiones adversas haya hecho algunos de los goles que se grabaron en la memoria colectiva de los hinchas de Boca y todos los aficionados del fútbol argentino.
Dos de ellos, los que alcanzaron repercusión mundial, fueron los que los dos que le hizo al Real Madrid para que Boca conquiste la Copa Intercontinental en Tokio en 2000.
A los dos minutos aprovechó un centro de Delgado y con oportunismo conectó en el arranque. Tres minutos después, aprovechó un milimétrico pelotazo de Riquelme para vencer de zurda a Iker Casillas.
Para el gusto doméstico, está ese tanto en su regreso nada menos que contra River después de una lesión que lo postergó por seis meses en 2000.
Se decía que su presencia, más allá de su dudosa condición física, era para intimidar a los eternos rivales y la fórmula funcionó. Con movimientos condicionados por no parecer del todo reestablecido, el Titán giró lentamente ante los demasiado respetuosos defensores de River y definió ante Tito Bonano. Delirio boquense.
Otro gol recordado y con prácticamente una pierna menos, es el que le hizo a Colón de Santa Fe en el apertura de 1999, el cual lo hizo ingresar en el selecto podio de los 100 tantos.
En el último Apertura, la noticia sobre la muerte de un hijo en el vientre de su esposa, no fue para Martín impedimento para jugar ante Banfield y dedicarle sus dos tantos al pequeño fallecido.
La serie de anécdotas frente al arco y especialmente con la camiseta número 9 de Boca puede ser interminable, como el romance de la 12 con su artillero más importante.