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26-02-07 | Gente

El momento más emotivo

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Fue cuando la Academia decidió premiar a uno de los más históricos hombres de la cinematografía que le puso música a decenas de films. Todo el Teatro Kodak lo aplaudió durante varios minutos de pie, como a ningún otro

El momento más emotivo

Ennio Morricone fue sin dudas uno de los más grandes compositores de música para películas de la historia de la industria del cine norteamericano y mundial.  La música de Días de cielo, La Misión, Cinema Paradiso, Queimada, además de los inolvidables temas de los spaghetti westerns de le década del los 70, son algunos de los hitos en su carrera. Fue por eso que este año -como suele hacer la Academia de Hollywood- lo eligieron a él como el premio sorpresa a la trayectoria.

En el momento del anuncio, a cargo de otro histórico del cine como lo es Clint Eastwood, el Teatro Kodak estalló en un aplauso y cuando apareció Morricone, todos se pusieron de pie para la ovación final, la misma que ningún otro pudo cosechar de manera tan espontánea.

"Quiero agradecer a la Academia y a todos los que me ayudaron a estar acá. A los directores y a los artistas que han ameritado este premio", dijo el hombre en un italiano que ni los conductores de la transmisión en vivo se animaron a seguir.

Morricone continuó al borde de llano acordándose de aquellos de quienes no todos se acuerdan: "Pienso en todos los artistas que no han recibido este premio, pero quiero que se les reconozca su talento". "Fue un honor recibir de la Academia este premio. Fue sentido grandemente", dijo.

Entre evidentes signos de emoción, el anciano músico señaló: "No es un punto de llegada sino un punto de partida para seguir componiendo. Al servicio del cine y de mi estética personal a la música".

"Este premio es también para mi esposa María, que siempre ha estado ahí", concluyó el hombre profundamente emocionado.

Morricone había sido nominado al Oscar en cinco ocasiones: Días del cielo (1978), La misión (1986), Los intocables de Elliot Ness (1987), Bugsy (1991), Malena (2000), sin conseguir ninguno. Este reconocimiento de la Academia es el corolario de una vida dedicada a musicalizar films inolvidables, no solo por su belleza, sino por la emoción que genera su genial orquestación.

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