Ambos tienen mala relación y ése sería el principal motivo por el cual no se concreta el reencuentro. Una novela plagada de mentiras y rencores
La relación entre Mauricio Macri y Juan Román Riquelme quedó tensa desde aquella partida del futbolista a mediados de 2002, luego de hacer un fuerte reclamo por los problemas de contratos y caídas de transferencias, y tras hacer popular el festejo del Topo Gigio.
La historia, que terminó con ese final en el que el directivo terminó ridiculizado sobre todo por el buen momento futbolístico de Román y la consiguiente elección del hincha-, tiene en realidad antecedentes muy prematuros.
Así es. Riquelme no terminaba de meterse a la hinchada de Boca en el bolsillo que los dirigentes evalúan la posibilidad de venderlo. Y por mucho dinero. El jugador, que ya era de pocas palabras pero picantes-, cuestionó cómo podía ocurrir eso cuando él ganaba un sueldo mínimo, de 1.500 pesos según declaró. Corría 1998 y el interesado era el Parma.
El conflicto se mediatizó. Los directivos del club de la Ribera publicaron en un diario deportivo el verdadero contrato de Riquelme, el cual indicaba que el ex jugador de la Selección argentina cobraba en realidad más 5 mil pesos, igual que todos sus compañeros.
La relación se quebró para siempre porque Riquelme lo desmintió, como siguió desmintiendo cada palabra de Macri y compañía, y también porque el malestar llegó al resto del plantel, que desconfió de la versión de su propio compañero. Nunca llegó a aclararse del todo la cuestión; lo cierto es que a partir de ahí los reclamos y cruces dialécticos se sucedieron uno tras otro.
Y también que el conflicto siguió girando siempre sobre el mismo eje: la plata, la transferencia... Después de muchos yo quiero quedarme toda la vida en Boca de parte de Riquelme, seguidos de a Riquelme le ofrecimos 500.000 dólares por año y los rechazó, de boca de Macri, llegó el momento de la ruptura definitiva, materializada con el pase al Barcelona de España.
Macri dijo que lo había vendido. El jugador respondió que él no estaba al tanto de ninguna transferencia. El club catalán esperaba. El diálogo no prosperaba y un motivo extradeportivo, el secuestro de Christian, uno de los hermanos del mediocampista, fue el detonante para que Riquelme abandonara la Argentina por miedo.
La sensación que quedó es que habían perdido las dos partes: Riquelme, quien debió irse de un modo no tan elegante ya que era más noticia por los escándalos que por su juego; y Boca, que se quedaba sin su mejor jugador a cambio de una cantidad de dinero unos doce millones de dólares- mucho menor a la que le podría haber retribuido.
Casi un lustro después, el destino los vuelve a cruzar en el camino. Riquelme se queda sin club porque la relación con el técnico Manuel Pellegrini no tiene retorno y no surgen ofertas concretas para llevárselo. Aparece Boca, naturalmente. Pero en Boca sigue al frente Macri, un viejo conocido.
Sonó el teléfono, apareció el Villarreal y nos propuso que Riquelme venga un semestre. Era mucha plata (seis millones de pesos) pero estábamos dispuestos a decir que sí", explicó el directivo. El problema radica en que Riquelme quiere venir un año y no sólo seis meses.
Nuevamente el conflicto de intereses empantana el terreno. Las negociaciones son difíciles porque, encima, Marcos Franchi, representante del futbolista, sigue siendo considerado persona no grata en el club. El camino de Riquelme y Boca no se une en el horizonte. Son rutas paralelas y los principales protagonistas hasta casi marchan en direcciones opuestas.