La llegada de personalidades de la cultura norteamericana revoluciona ya a Rhinebeck, el pequeño pueblo de 8 mil habitantes que la hija de Bill y Hillary Clinton eligió para su casamiento
Cientos de periodistas y gran parte de los 8.000 habitantes de Rhinebeck recorren el pueblo registrando cada momento con sus cámaras, a la espera de las celebridades que serán parte de la boda de Chelsea, hija del ex presidente Bill Clinton y la actual secretaria de Estado Hillary Clinton, con el financista Marc Mezvinsky, hijo de Marjorie Margolies-Mezvinsky, ex congresista norteamericana.
Steve Bin, uno de los jóvenes más ricos de los Estados Unidos debido a su éxito como real estate developer y productor de cine, fue visto en el cocktail de bienvenida ofrecido la noche de ayer por los novios. Como es su costumbre, Bin concurrió al evento vestido con jeans, zapatillas y una sencilla remera, único conjunto que viste para todos los eventos a los que asiste.
En la tarde de hoy, se especulaba en Rhinebeck sobre si Bin asistiría a la boda con su ya tradicional atuendo o aceptaría añadirle un saco de smoking.
Por otra parte, Madeleine Albright fue vista almorzando en Gigi's, un típico restaurant del pueblo. Testigos aseguran que se la escuchó resaltar fervientemente las bondades de Buenos Aires y Bariloche.
Al evento sólo se podrá llegar en buses sin excepción alguna, en medio de un amplio operativo de seguridad que mantiene sin embargo la sobriedad, evitando los gritos y empujones, conservando el respeto y las muestras de civilidad de un pueblo que acompaña a quien algunos consideran uno de los mejores presidentes en la historia de los Estados Unidos.
Pese a las especulaciones que hubo alrededor de la boda, en el evento sólo se encuentran los amigos elegidos uno a uno por la familia Clinton y los novios, gente sencilla que mantiene esta característica para la situación.
En las vísperas del evento que promete ser la boda del año, pueden verse banderas norteamericanas o relativas al casamiento en todas las casas y autos de la zona. En la tierra natal de Franklin Delano Roosvelt, la fiesta ya es un ejemplo de orden y educación de parte de todos, público, curiosos e invitados.