El presidente de Bolivia asumirá el viernes su segundo mandato, para el que fue reelecto con el 64,22% de los votos, pero mañana lo hará en las ruinas de la ciudad aymara de Tiwanaku ante representantes de pueblos originarios de su país y el continente

La ceremonia ancestral comenzará mañana a las 10 (11 de la Argentina) con el arribo de invitados a Tiwanaku, donde serán recibidos por el Consejo de Amautas local, integrado por ancianos aymaras, etnia a la que pertenece el mandatario y la segunda en importancia después de la quechua.
El gobierno boliviano declaró feriado nacional para el 22 de enero por considerar un día histórico el renacimiento de Bolivia como Estado plurinacional de fuerte presencia indígena, con la asunción del mandato de Morales hasta el 2015, en el marco de una nueva Constitución y de una Asamblea Legislativa Plurinacional (ALP) ampliamente dominada por el oficialismo.
El Ministerio de Trabajo también estableció "tolerancia" para que mañana jueves los trabajadores puedan asistir a la ceremonia en Tiwanaku, a 71 kilómetros de La Paz, en la que Morales lucirá una túnica de color blanco y negro con simbología andina relacionada con la prosperidad, la sabiduría y el éxito.
El ministro de esa cartera, Calixto Chipana, precisó que ese tiempo de tolerancia en los horarios será recuperado por los funcionarios públicos, igual que en el sector privado, si es que sus trabajadores optan por participar en la ceremonia de asunción del poder indígena, en la que los organizadores esperan una concurrencia de unas 40.000 personas.
Por su parte, el ministro de Cultura, Pablo Groux, explicó que el Consejo de Amautas (sabios) de Tiwanaku confeccionó la vestimenta que lucirá el mandatario indígena para recibir la entrega del bastón de mando de los pueblos indígenas de Bolivia, de manos de una niña y una abuela, ambas aymaras.
El bastón tendrá dos cabezas, una de cóndor y otra de puma.
Mientras, en la sede del gobierno y en el nuevo Parlamento, a los tradicionales bustos y pinturas de la "era republicana" iniciada con la independencia en 1825, se sumarán ahora los íconos del movimiento indígena.
Los nuevos símbolos, advirtió ayer el vicepresidente Alvaro García Linera, citado por el diario paceño La Prensa, no reemplazarán a los antiguos ni a "los héroes, sino que estarán otros que ahora forman parte la iconografía oficial del Estado y citó a Bartolina Sisa y Tupak Katari, "que no sustituyen, sino complementan, como debió haber sido siempre.
De hecho, Morales ingresará a la ALP con su actual banda presidencial, tricolor (verde amarilla y roja) -la misma que usaron todos los mandatarios bolivianos desde 1904- y será ungido con una nueva, que sumará a la bandera boliviana y al escudo, la multicolor wiphala indígena.
En conferencia de prensa, ayer por la tarde, García Linera explicó que "somos indios y mestizos y nuestra simbología tiene que recuperar ambas vertientes ricas de nuestra historia, que son las que nos dan vida.
Evo Morales, de 50 años, que mantuvo hasta ahora su cargo de titular de las seis federaciones campesinas cocaleras del Chapare como símbolo del poder de las organizaciones sociales en su gobierno, fue elegido en diciembre del 2005 con el 53,7 por ciento de los votos y reelegido cuatro años después con el 64,22 por ciento de los sufragios.
"Los resultados de las elecciones de diciembre nos muestran que éste no es un proyecto pensado a cinco años, sino que hay una proyección a muchos más tiempo", dijo el analista político Carlos
Cordero, citado por la agencia noticiosa alemana DPA.
Agregó que "el respaldo popular (que obtuvo el mandatario) es una legitimación no sólo de la gestión de Evo Morales, sino de la Constitución y un proyecto político que será muy difícil de destruir. Estamos ante un proyecto irreversible, aunque perfectible".
Morales, días previos a su posesión, reiteró que la meta de su segundo mandato es "avanzar en la construcción de una patria libre, justa, con inclusión, igualdad, solidaridad, dignidad y soberanía".
Según dijo a la prensa local García Linera, matemático y sociólogo, analista político vinculado a la guerrilla de Teoponte en 1970, en Bolivia se terminó la conflictiva y dolorosa transición de un estado neoliberal a otro plurinacional y de socialismo comunitario, que se inició en el 2000 con la llamada "guerra del agua", en la que se expulsó a una trasnacional que manejaba ese servicio esencial.
Siguió con la "guerra del gas" en 2003, una insurrección popular que concluyó con la defenestración del presidente y ex millonario minero Gonzalo Sánchez de Lozada, que debió refugiarse en Miami con varios de sus ministros tras una represión que dejó unos 67 muertos y más de 400 heridos.
Concluyó, según García Linera, con la trabajosa y dificil redacción y consagración popular de la nueva Constitución en enero de 2009, durante un período que definió de "equilibrio catastrófico" de fuerzas.
Previo a ese referendo constitucional, explicó, Bolivia vivió un intento de golpe de Estado "cívico-prefectural", en septiembre de 2008, por el que el gobierno expulsó al embajador de Washington en La Paz, Philip Goldberg y a las agencias norteamericanas USAID, de cooperación, y DEA, antidrogas.
Fuente: Télam