El arresto de un contratista empleado por el gobierno de los EEUU para ayudar a disidentes en la isla alerta sobre los riesgos que corren aquellos que buscan la democracia bajo el régimen castrista

Jan Bubenik, activista democrático
Los peligros que efrentan los grupos democráticos y las organizaciones humanitarias en Cuba son cada vez mayores.
Según un artículo que publica el diario norteamericano El Nuevo Herald, "el reciente arresto renueva la presión sobre las agencias contratadas por el gobierno de los Estados Unidos para promover la democracia en Cuba a fin de que proporcionen entrenamiento de seguridad".
El arresto al que hace referencia es el ocurrido el 5 de diciembre a un contratista empleado por el gobierno de los Estados Unidos para ayudar a disidentes en la isla. El hombre repartía equipos de telecomunicaciones como celulares y computadoras portátiles.
Mientras que los Estados Unidos dijeron que el detenido no trabajaba para el gobierno, la empresa Development Alternatives Inc aseguró tener un contrato federal para respaldar el "gobierno justo y democrático en Cuba", según Reuters.
La misma companía describió al hombre como un subcontratista empleado "para asistir a organizaciones de la sociedad civil" en la isla.
El régimen castrista considera a esos grupos disidentes "mercenarios" y "traidores" al servicio de los Estados Unidos.
Pero ese no fue el primer caso de arrestos a activistas extranjeros. El último suceso similar fue en 2001, cuando Jan Bubenik fue a Cuba en representación de un grupo norteamericano a favor de la democracia y conversó con un disidente cubano. Al día siguiente lo detuvieron y encarcelaron por más de tres semanas.
"Nadie me dijo nunca que tuviera cuidado'', dijo Bubenik a El Nuevo Herald desde Praga en una entrevista telefónica. "Nos mandaron como corderos al matadero'', aseguró.
Según el periódico, "decenas de personas hacen con frecuencia estos viajes clandestinos, armados con visas de turista y misiones secretas, decididos a engañar a uno de los mejores servicios de inteligencia del mundo".
El rotativo cita a Teo Babún, director de ECHO Cuba, una organización religiosa que envió el año pasado a viajeros con dinero para ayudar a las víctimas del huracán, "Cuando se envía a viajeros a Cuba, aun cuando sea para llevar a cabo buenas obras, uno siempre está asustado de que les pase algo'', señaló.