01-12-09 | Mundo

El Senado de los Estados Unidos comenzó el debate por la reforma sanitaria

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La Cámara alta norteamericana inició un histórico debate sobre la reforma del sistema sanitario del país, en medio de turbulencias por divisiones ideológicas y escasas posibilidades de aprobarla antes de fin de año

El Senado de los Estados Unidos comenzó el debate por la reforma sanitaria

"Hoy es el momento más histórico en el Senado de los EEUU", afirmó el líder de la mayoría demócrata en esa cámara, Harry Reid, quien defendió la reforma como una iniciativa que "ahorrará dinero, salvará vidas y salvará al sistema de Medicare" para ancianos y jubilados.

Reid, que ha trabajado febrilmente para ganar adeptos, aseguró que el plan cumplirá las metas de reducir los costos de salud y reducir el déficit fiscal "a corto y largo plazo".

El debate arrancó pero con mal pie, en medio de acusaciones de la minoría sobre la falta de transparencia en la elaboración del proyecto de ley.

El senador republicano Mike Enzi se manifestó "un poco molesto" y objetó los reglamentos que estableció Reid para debatir enmiendas, y lo acusó de redactar la iniciativa sin la participación republicana.

"Este es un proyecto de ley profundamente fallido que no responde a las necesidades del pueblo estadounidense y elevará los costos del cuidado de salud", señaló Enzi, resumiendo la posición de su partido.

El debate, que podría prolongarse durante semanas debido a numerosas enmiendas, se inició 23 días después que la Cámara de Representantes aprobase por estrecho margen su propia versión de la reforma de salud, también fragmentada sobre los componentes del plan.

En el Senado, los demócratas no han podido acercar posiciones con los republicanos en asuntos como la financiación del aborto y la "opción pública", que permite al Gobierno competir con las aseguradoras privadas.

No está claro si, como desea Reid, el proyecto de ley será votado en el pleno de la Cámara Alta antes del receso navideño.

La versión del Senado, de unos 848.000 millones de dólares en diez años, ofrece cobertura médica a unos 31 millones de estadounidenses adicionales, y pretende reducir el déficit fiscal.

También incluye la "opción pública" que permitiría que los estados participen voluntariamente en el programa público de salud, y fondos para el aborto, aunque con restricciones.

Además permite que los inmigrantes legales puedan acceder al "intercambio de seguros" administrado por el Gobierno y que daría subsidios federales a quienes no pueden costearse un plan de seguro médico.

Los inmigrantes indocumentados quedan excluidos de la versión del Senado, aunque en la de la Cámara Baja podrían al menos comprar un seguro de su propio bolsillo.

La iniciativa prohíbe que las aseguradoras nieguen cobertura médica -o cobre más- a personas con condiciones médicas pre-existentes, y cubre las recetas médicas de los ancianos.

La senadora demócrata Barbara Mikulski ofreció una enmienda para corregir lo que tachó como la "discriminación contra las mujeres" en el sistema de salud de EE.UU.

"Las mujeres muchas veces pagamos más y obtenemos menos (en servicios)... para muchas aseguradoras, simplemente el ser mujer es una condición preexistente", se quejó Mikulski, al señalar la injusticia de que las mujeres paguen más por la misma cobertura que los hombres, "en iguales condiciones de salud".

Los demócratas aún no tienen los 60 votos necesarios -incluidos los dos votos independientes- para impedir las obstrucciones de los detractores de la reforma, incluyendo algunos demócratas moderados.

Aunque se trate de la mayor reforma de salud en más de seis décadas, los republicanos no quieren dar una victoria a la Casa Blanca.

Eso supone una enorme amenaza para el presidente Barack Obama, que ganó las elecciones gracias en parte a su promesa de reformar el sistema de salud.

La versión que salga del Senado tiene que ser armonizada en sesión bicameral con la que aprobó la Cámara Baja el pasado 7 de noviembre para convertirse en ley.

Según una encuesta de la Fundación de la Familia Kaiser, un 58 por ciento de la opinión pública apoya la reforma pero la mitad de éstos no está satisfecha con los planes actuales.

Mientras, en sendas campañas mediáticas aumentan las presiones de grupos a favor y en contra de la reforma a través de campañas mediáticas: los conservadores, en general, tachan la reforma como una costosa injerencia del Gobierno, y los liberales aseguran que no hacer nada tampoco es una opción.
Fuente: AP
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