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Jueves 26 de Noviembre
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El Papá Noel asesino se había quedado sin trabajo

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Bruce Pardo, el hombre que asesinó a nueve familiares y luego se suicidó en la Nochebuena en California, vivía de la pensión que le pasaba su ex esposa y hace un año que no tenía empleo

En el Año Nuevo del 2006, la vida parecía sonreírles a Bruce y Sylvia Pardo, recién casados, con ingresos combinados de unos u$s150 mil anuales, una casa de medio millón de dólares en una tranquila calle cerrada y un perro llamado Saki. Pero pronto las cosas se complicaron, y los documentos en los tribunales reflejan la creciente desesperación de Bruce Pardo luego de perder a su esposa, quedarse sin empleo y luego sin perro. Para finales del 2008, Pardo estaba pidiéndole a un juez que su esposa le diera una pensión y cubriera los honorarios de su abogado.

La debacle de Pardo concluyó en la Nochebuena, cuando el ingeniero eléctrico de 45 años se disfrazó de Papá Noel y asesinó a nueve personas en la casa de sus ex suegros en Covina, donde se realizaba una fiesta. Luego el atacante usó un artefacto de fabricación casera, que llevaba oculto como si fuera un obsequio navideño, para rociar combustible en la casa e incendiarla.

Pardo había planeado huir a Canadá tras la matanza, pero sufrió quemaduras de tercer grado en el incendio --que derritió parte de su disfraz, adhiriéndoselo a la piel--, y decidió suicidarse, según los investigadores. Su cadáver, con un tiro en la cabeza, fue hallado en la casa de su hermano a unos 64 kilómetros (40 millas) del lugar del ataque.

Los asesinatos ocurrieron seis días después de que Pardo y su ex esposa comparecieron en un tribunal para consumar su divorcio. La policía cree que entre los muertos están Sylvia, de 43 años y sus padres, Joseph Ortega de 80 años y Alicia, de 70. Las otras víctimas serían los dos hermanos de Sylvia Pardo y sus respectivas esposas, así como la ex cuñada del atacante y un sobrino de 17 años. Pero la policía no ha identificado a las víctimas porque según el forense, los nueve cadáveres estaban tan quemados que ello resultaba imposible.

Los amigos, consternados, dijeron que no había rasgo alguno en Bruce Pardo que sugiriera el inminente ataque. Pardo había dicho a un amigo que planeaba ayudar como acomodador durante la misa de gallo en ocasión de la Navidad, en su iglesia. Prometió a otro que lo visitaría en Iowa, para felicitarlo. El atacante no tenía antecedentes penales.

Fuente: AP

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