La mujer de 79 años estaba sana, no padecía ninguna enfermedad terminal ni sufría ningún tipo de dolor insoportable, simplemente tenía miedo a terminar sola en un asilo

En Alemania se ha desatado la polémica ante el suicidio asistido de una mujer sana. El abogado Roger Kusch, un activista por el derecho a una muerte digna, acudió a casa de Bettina Schardt ya que esta quería poner fin a su vida y Kusch le daba la solución.
Según recoge el diario español El País, el abogado Roger Kusch, se presentó en casa de Bettina Schardt en la ciudad bávara de Wurzburgo el domingo pasado.
La anciana, técnico de rayos-X jubilada, soltera, sin hijos y con pocos amigos según había relatado a Kusch, comenzó a preparar la mezcla de fármacos contra la malaria, sedantes y un sirope para endulzar el trago con que iba a suicidarse.
Poco después ingirió los líquidos, dijo "auf Wiedersehen" ("hasta la vista" en alemán) y el activista dejó la habitación. Regresó tres horas más tarde para encontrarla muerta. Kusch actuó así para evitar cualquier represalia legal, ya que en Alemania es delito la asistencia activa al suicidio. No así el propio suicidio ni la asesoría sobre cómo llevarlo a cabo.
En Alemania se ha desatado la polémica por el caso y más por el hecho de que la mujer no padeciera ninguna enfermedad terminal ni sufriera ningún tipo de dolor insoportable. "Lo que el señor Kusch ha hecho resulta particularmente horrible", ha declarado Beate Merk, la ministra de Justicia del estado de Baviera. "Esta mujer no tenía nada más que miedo y él ni siquiera le ha ofrecido otras opciones", ha agregado.