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Domingo 29 de Noviembre
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La historia del inquilino que vivió cuatro años en la casa del chacal austríaco

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Durante su estadía en el edificio de Josef Fritzl siempre le llamaron la atención varias cosas: el robo de comida, las salidas del dueño y las cuentas altas de electricidad. Vivía justo arriba del sótano de las víctimas

Sepp Leitner alquiló una habitación a principios de los años 90 en la casa del Josef Fritzl. Siempre le llamó la atención que pagara una cuenta de luz tan alta para una vivienda de 30 metros cuadrados.

El estudio de Leitner estaba en la parte de abajo de la casa, justo encima del sótano donde mantuvo encerrados a su hija y a sus niños durante 24 años. Todo indica que el inquilino pagó durante ese tiempo la electricidad que consumieron las víctimas, según el periódico Die Presse.

El ex inquilino aseguró nunca haber oído voces ni susurros. Sin embargo, ahora entiende algunas cosas del drama de Amstetten. Recuerda que su perro siempre ladraba cuando pasaba por las escaleras que conducían al sótano.

Cuenta que otro de los misterios que afectaban a varios inquilinos era la desaparición de comida. Fritzl tenía la llave de todas las viviendas alquiladas en su edificio de tres plantas.

Leitner avaló las versiones de otros inquilinos que aseguran haber visto en muchas ocasiones a Fritzl por la noche con bolsas de supermercado. El inquilino se fue de la casa tras una discusión con Fritzl, porque el dueño le había cambiado la cerradura de su estudio sin previo aviso.

Dos puertas de acero
Las autoridades austríacas descubrieron ayer que el acceso al sótano tenía dos puertas de acero, y no sólo una como se había supuesto, según Franz Polzer, jefe de la policía de Baja Austria, en declaraciones a la agencia austríaca APA.

Ambas puertas tenían un mecanismo electrónico para su apertura y cierre a distancia, mediante un código, según el agente.

El jefe del equipo de investigadores añadió que las pesquisas en el sótano de la casa de Amstetten, donde Josef Fritzl, de 73 años, recluyó a su hija y la embarazó siete veces, continuaban ayer.

No obstante, advirtió que llevarían más tiempo de lo previsto ante el escaso aire que entra en el lugar.

"Estamos intentando ver si podemos hacer algo con la ventilación", dijo Polzer, tras explicar que los agentes necesitan hacer pausas muy seguido por la falta de aire.

Además, trabajan con máscaras sobre la boca para impedir que sus ADN se depositen en el lugar de los hechos.

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