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Las secuelas médicas de los hijos del chacal

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Están encorvados, anémicos. La de 19 perdió casi todos los dientes y está en coma. Nunca vieron un médico. Se comunican con gruñidos, susurros y chillidos. Al ver la luna, el de 5 preguntó si eso era Dios. Quedan exhaustos al intentar el habla normal

Los hijos del chacal mantenidos en el encierro durante toda su vida presentan secuelas físicas monstruosas. Tres de los seis niños, que vivieron su vida entera sin luz en cuartos de 1,7 metros de altura, tienen el sistema inmunológico defectuoso, deficiencia de vitamina D. Al no haber visto nunca un médico ni un odontólogo, la mayor, de 19 años, ya perdió casi todos los dientes. Está en coma farmacológico.
 
La altura del cuarto en que "vivían" les dejó posturas jorobadas y los tres están anémicos. A Stefen le hacen pruebas para ver si su vista y oído fueron dañados por 18 años de confinamiento. Los más castigados vivían con la TV prendida día y noche. Hablan su propio lenguaje usando ruidos de animales más que palabras.
 
Aprendieron algo de lo que oían en la tele, pero lo que hablaban Stefan, 18, y Felix, 5, no era inteligible para los policías austríacos. "Es media verdad que puedan hablar, se comunican con mezcla de gruñidos, rugidos y susurros. Si quieren que los entiendan los demás, tienen que concentrarse muchísimo y parece extenuarlos mucho", dijo el jefe de policía Leopold Etz.
 
¿La luna es Dios? 
Felix prefiere gatear, pero puede caminar erguido si quiere. Berthold Kepplinger, el psiquiatra que los estudia, ratificó lo que declaró el policía. Con la TV como única fuente de conocimiento, cuando a Felix le mostraron la luna -a la que veía por primera vez- preguntó: "¿Es Dios eso allá arriba?" Luego hizo gorgoteos de excitación cuando vio una vaca. Está todo el tiempo exaltado desde su libertad y constantemente intenta dar golpes, como agarrar el aire con la mano.
 
Al ver el sol, hizo un chillido y trató de mirarlo directamente, después se cubrió la cara con la mano. Fue petrificado de su cárcel al hospital, enloquecido por ver que el piso del transporte se movía. También canta seguido un son desconocido que creen era lo que su madre usó para hacerlo dormir.
 
Los problemas psicológicos del encierro de por vida y del ser fruto del incesto son, según expertos, únicos. Al encontrarse con su madre, la hija mayor sonrió tímidamente. Kepplinger, uno de los testigos del encuentro, dijo que fue un momento calmo. 
 
Kerstin, de 19, sigue internada en coma artificial. Su madre Elisabeth, de 42, luce como una anciana. Elisabeth le dio remedio para la tos y aspirinas a Kerstin antes de que quedara inconciente.

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