El régimen político italiano es parlamentario, es decir, los votantes eligen la Cámara de Diputados y Senadores, que luego deberán votar la propuesta de Primer Ministro que haga la mayoría. El presidente ocupa una figura por fuera del poder ejecutivo, y tiene el rol de consensuar

En Italia, el parlamento juega un rol distinto al que juega en nuestro país. Acostumbrados a un Congreso que en su mayoría responde al oficialismo electo en las urnas, aquí la dinámica es inversa. Los parlamentarios le marcan la cancha al ejecutivo, en otras palabras, los gobiernos deben rendir cuentas constantemente ante ambas Cámaras.
De hecho, existe il voto fiducia (voto confianza) que los legisladores deben entregar al primer ministro, para que este pueda gobernar, y es ahí donde falló la coalición de Prodi.
En un marco de diferencia muy estrecha con la oposición, y una alianza harto heterogénea, finalmente el gobierno de la centroizquierda perdió su mandato sobre la base del cambio de bando de algunos de sus propios miembros.
Algunos analistas son críticos de este tipo del parlamentarismo, caracterizándolo como inestable. Mientras el régimen presidencial concentra el poder en el ejecutivo y da solidez al gobierno, la democracia parlamentaria estaría sujetada a los vaivenes que se suceden puertas adentro del Congreso.
Sin embargo, el parlamentarismo corre con ventaja en cuanto no caer en caudillismo o personalismo, algo que nuestra región ha sufrido y sufre aún hoy.