El Presidente Mwai Kibaki se ofreció a dialogar con sus rivales políticos mientras cadáveres yacían en las calles y el humo se elevaba sobre los suburbios en llamas. Hubo choques entre la policía y opositores. Hay más de 300 muertos

Una semana de enfrentamientos luego de las elecciones del 27 de diciembre han causado la muerte a más de 300 personas y amenaza con afectar la reputación de Kenia como una de las democracias más prometedoras de África y con mejor economía.
Por tal motivo, su Presidente, Mwai Kibaki, dijo que "estoy listo para dialogar con las partes interesadas una vez que la nación esté tranquila".
"Estoy profundamente perturbado por la violencia sin sentido instigada por algunos líderes", agregó a periodistas en las afueras de su residencia.
Cabe señalar que, luego de que la policía se enfrentó durante horas en Nairobi con cientos de manifestantes enojados por la victoria de Kibaki, la oposición canceló un mitin en el parque Uhuru de la capital, asegurando que deseaba salvar vidas.
El "genocidio"
Las disputadas elecciones han desatado grandes riñas tribales en todo el país, donde los dos bandos se acusan unos a otros de perpetrar limpieza étnica.
"Este es un genocidio que está siendo conducido por clases políticas que están ilegalmente en la casa del Estado", dijo Odinga luego de llevar a periodistas a ver cadáveres con heridas de balas en la morgue de la ciudad.
A su vez, agregó que dos aliados de Kibaki respaldan a una tribu Kikuyu que está detrás de algunas matanzas.
Por su parte, el miércoles, el Gobierno acusó al Movimiento Democrático Naranja de Odinga (MDN) de llevar adelante un genocidio.
Los enfrentamientos del jueves
Nairobi estaba virtualmente desierto el jueves por la mañana y pronto se transformó en un campo de batalla. Filas de manifestantes salieron de los vecindarios pobres hacia el centro de la ciudad, cantando el himno nacional y llamando a la "paz".
Al confrontarse con la policía, primero se sentaron sobre sus rodillas en la carretera. Cuando la tensión aumentó, comenzaron a quemar vehículos y edificios.
La policía utilizó gases lacrimógenos y chorros de agua tratando de dispersar a los manifestantes. También disparó al aire mientras la multitud se arrodillaba, gritando "mátennos a todos".