Christian Loboutin, diseñador elegido por las figuras de Hollywood, visitó Buenos Aires y conversó en exclusiva con Infobae.com. Sus inicios, su relación con las celebrities y la verdad sobre su suela roja

Scarlett Johansson luciendo los diseños de Louboutin
Loboutin no deja de repetir que quedó encantado con Buenos Aires. En su primera visita a estas tierras lo encandilaron sus paisajes, su gente, el aire bohemio que se respira en San Telmo y las calles coquetas de Recoleta, entre los tantos puntos turísticos que visitó.
Las pocas horas que duró su viaje le bastaron para enamorarse de ese no sé qué de una ciudad que lo dejó con ganas de más. Y promete una y otra vez que volverá en un par de meses.
Espero que cuando regrese el tiempo sea un poco mejor. Porque no ha dejado de llover, asegura, sin dejar de sonreír, en el encuentro que tuvo con Infobae.com en uno de los salones del hotel Alvear, donde el diseñador de zapatos se alojó con su equipo.
Loboutin llegó el viernes pasado y se fue el lunes por la mañana en un vuelo común y corriente. No trajo séquito, ni guardaespaldas, ni maquillador, ni peluquero. Sólo viajó con su asistente, de quien no se separa hace más de seis años, y una valija con algunos de sus diseños.
De impecable pantalón blanco, saco beige, chomba azul y roja y en zapatillas y un maxi reloj verde flúo en su muñeca, saludó cordialmente y pidió disculpas por los 30 minutos de demora. Nunca duermo tanto, pero me olvidé de ponerme el despertador y seguí de largo, explicó.
Medialunas y café de por medio Louboutin, con un inglés bastante afrancesado, no evadió ninguna pregunta y respondió cada una con lujo de detalle.
¿Qué le parece Buenos Aires?
-Estoy muy contento de estar en Argentina. Llegué hace dos días, fue muy rápido pero un hermoso viaje. Lástima que el tiempo no fue bueno porque llovió mucho y me hubiera gustado ir a caminar un poco más. Quiero volver para pasar más tiempo acá, ver los paisajes en las afueras y ver más cosas en la ciudad. También tengo ganas de ir a conocer Punta del Este. La próxima vez me voy a organizar para hacerlo con más tiempo.
Por lo visto tiene muchos amigos
-Tengo 45 años y he conocido mucha gente a lo largo del tiempo. Pero no tengo muchos amigos, conozco mucha gente nomás.
¿Pudiste conocer algo del diseño argentino?
-Lamentablemente aún no. Me encontré con Jessica (Trosman) pero aún no pude ir a ver sus prendas. Pero voy a ir a conocerlas, quiero conocer un poco del diseño de esté país. Lo que sí vi fueron muchas pinturas: hermosas colecciones, especialmente las de Guillermo Kuitca, que tiene unas pinturas sorprendentes.
¿Cuál es tu inspiración a la hora de diseñar?
-Todo depende del momento. El proceso puede empezar por un objeto, algo que tengo en mente. O puede empezar simplemente empezando a dibujar. No es algo definitivo. Cuando uno diseña tiene muchas influencias que llegan siempre que estés abierto.
Sus zapatos enamoran a las mujeres del mundo. ¿Ahora hace también carteras?
-Es algo que surgió naturalmente, después de hablarlo con muchos de mis clientes. Ellos me decían que les encantan mis zapatos pero que necesitaban algo del mismo tipo, de la misma clase.
¿Qué aprendió del mundo del calzado?
-Los zapatos son una actitud para la mujer, no son elementos, es una actitud. Las mujeres llevan la ropa pero son los zapatos los que llevan a la mujer. La mujer tiene una percepción especial de los zapatos: puede estar completamente desnuda y sólo con un par de zapatos. El calzado es una prenda muy especial para ellas.
¿Por qué elige el calzado femenino y no el masculino?
-Empecé con algo para los hombres pero muy poco. No me inspira demasiado porque es algo completamente distinto. Primero porque se puede hacer más variedad. Además la mujer expresa algo con su calzado: si una mujer juega con sus zapatos es algo sexy pero un hombre que juega con sus zapatos, es tonto.
¿Alguna vez imaginó que se volvería famoso?
-Algunas personas hacen cosas por la fama. Pero yo sólo quería diseñar zapatos. Nunca pensé en fundar una compañía tampoco. Cuando empecé la empresa la inicié pensado en que tenía que hacerlo de forma tal que siguiera diseñando zapatos durante toda mi carrera.
¿A quién admira en el mundo de la moda?
-Admiro a mucha gente por diferentes razones. Así como tengo muchos buenos amigos por distintas cosas, me gustan muchas personas por diferentes razones. A algunas personalidades las admiro por sus diseños, otros por lo que hicieron de su carrera. No me gusta nombrar porque siempre me olvido de alguno. Pero uno de ellos fue Yves Saint Laurent, quien definitivamente gobernó la moda durante varias décadas.
Con sus diseños conquistó a las celebrities, ¿tiene favoritas?
-No puedo contestar esa pregunta, es demasiado peligroso (risas). Algunas son mis amigas y me quieren porque respeto su privacidad, por eso no las nombro. Pero sí quiero destacar que yo no voy a los famosos sino que los famosos vienen a mí y eso es satisfactorio. Ellos tienen lo que quieren, todo el mundo les regala cosas. Pero me gusta que vengan a mí porque significa que mis zapatos es uno de sus grandes deseos. Y eso es muy placentero.
¿Quién es, para Usted, la mujer más glamorosa de mundo?
-Sin duda lo fue Marlene Dietrich. Me gusta todo de ella. Tenía un estilo único pero, además de ser un ícono de estilo, ella se divertía. Hay mucha gente con estilo que no se divierte. Muchos se visten bien pero no se relajan.
El sello de sus zapatos es la archiconocida suela roja. ¿Cómo nació esa idea?
-Fue todo una casualidad. Cuando yo diseñaba, siempre había algo en mis dibujos que no estaba en el calzado. Y no dejaba de preguntarme por qué mis dibujos eran mejor que la realidad. Cierta vez, vi a una chica que siempre estaba conmigo en la fábrica pintándose. Ella nunca tenía mucho que hacer, estaba aburrida, me acompañaba. Entonces la miré y se estaba pintando las uñas de colorado. Le agarré el esmalte y le pinté la suela.
Era un tema de color
-¡Sí, era todo un tema de color! Al principio pensé en hacer un color por temporada. El primero sería rojo, después verde y así iría cambiando. Pero después se transformó en mi identidad. Las mujeres quedaron encantadas y los hombres también.