Rodrigo Fresán, el escritor argentino radicado en Barcelona, visitó Buenos Aires para presentar su nuevo libro La parte soñada (Penguin). Este título forma parte de una trilogía iniciada con La parte inventada y que pronto verá su cierre con la publicación de La parte recordada. Con el estilo que lo caracteriza, Fresan presenta un recorrido por el mundo del sueño y del insomnio, así como los cimientos y las columnas que componen la creación, la invención, el sueño y la memoria.

Todo intento de resumen de este monumental texto se queda corto, ya que estamos en presencia de un tratado sobre la literatura, el arte y la creación. La meta-literatura es el hilo conductor de un libro que trae hacia sí mismo las formas posibles en las que el arte da cuenta de la relación entre la creación y lo onírico.

Invitado por Infobae, Fresán habló de su nuevo libro y de su vida como escritor.

Prologuista, traductor, editor, escritor: ¿qué rol te resulta más amistoso y cuál sufrís más?

Se da por épocas. Básicamente todo eso va adentro de una caja que dice "lector". Primero soy lector, después decido ser escritor. Por más que ya lo hubiera decidido antes; tengo memoria de que antes de aprender a leer y a escribir, ya había decidido ser escritor. Siempre digo que me siento muy afortunado, porque no sé cuánta gente hay que no haya renunciado a su vocación original más infantil —que puede ser Batman o jugador de futbol o bombero—; es realmente un privilegio. Todo lo demás son como tentáculos que se desprenden de ahí. Tengo muchos años de periodismo y hay momentos en que no tengo interés de escribir sobre libros, pero generalmente no tengo ningún problema con ninguno. O, en algún momento, tengo problemas con todos. Por ejemplo, tengo un proyecto que no voy a poder realizar nunca, ya que para hacerlo tendría que ganarme la lotería: me gustaría no escribir por dos años. Pero ni una sola palabra. Y después volver, un poco para para ver si me convierto en un nuevo escritor. Como esa gente que cae en coma y tiene que volver a aprender a caminar o a hablar. Es una inquietud que tengo. Pero también para parar un poco y desintoxicarme, porque se es escritor 7 días a la semana, 24 horas al día… ¿Cómo sería no ser un escritor?

Esos dos años ¿incluirían no leer, excepto el menú del restaurante?

Eso es un poco más difícil. No lo había pensado, pero tampoco estaría mal. Una especie de cura absoluta. O tal vez solo dedicarme a leer cosas que jamás he leído. Filosofía alemana, por ejemplo.

Hace unos días leí una declaración tuya en la que decías algo así como que se escribe mucho y mucha porquería.

Sí, es una frase que se citó y se comentó mucho, pero fuera de contexto. Lo que decía en el contexto del libro anterior, La parte inventada. La cantidad abrumadora de publicaciones que hay están ligadas directamente a los blogs y Twitter y todo eso. Mucha gente que nunca hubiera escrito en su vida de repente piensa que puede escribir y lo hace y hay una cierta necesidad de que aparezca algo nuevo. Eso se ve en cómo se maneja la industria editorial norteamericana o inglesa o alemana: una primera novela promisoria es mucho más excitante que una tercera novela muy buena de un escritor con dos buenos libros detrás. Hay una especie de apuesta a la novedad. Y si es joven mejor, y si es joven un poco freaky mejor todavía, y si es joven, un poco freaky y su padre pertenecía al clan Manson mejor todavía, y así.

Cuanto más enroscado, mejor.

Cuanto más de personaje en la persona. Una vez, en un periódico no argentino en el que colaboraba con notas culturales me dijeron: "Si el escritor no tiene una vida interesante no nos interesa". Es como el modelo hemingwayano. Si no corriste con los toros, no podés escribir sobre los toros. Y queremos una foto del tipo corriendo delante de los toros, y si está filmado lo ponemos en YouTube.

¿Cómo te llevás con las redes sociales y las nuevas tecnologías?

Ni bien ni mal: no me llevo. No tengo ninguna participación. De tanto en tanto aparece gente graciosa que se hace pasar por mí. Me cansaba que muchos medios serios levantaran supuestos tuits míos. Si la persona que usurpa tu personalidad fuera más genial, más inteligente y brillante que uno está todo bien, pero generalmente son peores. La verdad es que no es muy buen negocio.

Estamos frente a una trilogía. Tenemos La parte inventada, La parte soñada y, esperando en cocción, La parte recordada. En La parte soñada hablás del "post-Google": ¿cómo construimos en el siglo XXI la idea de memoria colectiva?

Es raro, está por verse. Es muy temprano para eso, pero me parece que también hay un gesto un poco contradictorio, porque es casi una cosa borgiana. Es una apuesta a una memoria que contenga absolutamente todo como el Aleph, pero que tampoco te permita ninguna reflexión, ni ninguna concentración. Es un todo que no deja de crecer y al que nunca podés terminar de abarcarlo. Una cosa un poco epidémica.

Este intertexto que se genera en tu último libro entre la historia y toda la referencia en una tipografía diferente —que los que leemos tus artículos y tus libros conocemos desde siempre—, esta necesidad del hipertexto y el intertexto, ¿cómo la llevás adelante?

Ahí hay un trabajo bastante fino. Son horas y horas y horas de composición. Yo no habría estado capacitado para escribir estos libros antes de la existencia del WordPerfect y de las computadoras portátiles, porque hubiera sido un trabajo demencial ir poniendo y sacando información. Puntualmente a eso que te referís de las canciones y la información, etc.: me gusta pensar que cada libro, si bien los tres están en español, está escrito en el idioma de la invención, del idioma del sueño y el idioma del recuerdo. El idioma del sueño es también el del no sueño, del insomnio, que es cuando dormís de otra manera y soñás de otra manera. La cosa de la enumeración o de la digresión es muy inherente al no poder dormir. Mucha gente cuenta nada más que corderos u ovejas, pero yo cuento canciones y libros, y todo tipo de información.

¿Soñás?

Sí, yo sueño muchísimo.

¿Y tenés miedo de que tus sueños se vuelvan realidad?

No, no son sueños que expresen deseos. No son el típico sueño de película hollywoodense. El sueño como estrategia narrativa no me interesa en absoluto. En el libro cito la frase de Henry James: "Cuenta un sueño pierde un lector". Yo creo que se refiere a eso. Me interesa mucho más el sueño como lo maneja David Lynch. No tiene que ser algo necesariamente figurativo o coherente o narrativo. En las películas, sobre todo las de Hollywood de la época dorada cuando alguien se pone a soñar y cambia un poco la textura de la imagen, el sueño es una historia completamente ordenada y perfecta. Es absurdo. No se sueña de ese modo.

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