Un empleado del local declaró a la Policía que los encargados del lugar solían pedir que no se corran las mesas del centro del entrepiso para evitar acumulación de gente parada en la zona de menor resistencia
Tras haber declarado en la comisaría 25º,
Gonzalo,
uno de los empleados del local Beara, cuyo entrepiso se derrumbó en la madrugada de hoy provocando
la muerte de dos jóvenes, reveló que los
encargados del boliche solían pedir que
no se sacaran las mesas del centro del entrepiso
para evitar la acumulación de gente parada en la zona de menor resistencia.
Gonzalo señaló que, por expresa orden de los encargados,
en el local no se corrían las mesas del centro del entrepiso "
para que no se juntara la gente" en el punto de menor resistencia de la estructura.
Al ser consultado sobre
si alguna vez se consideró que la estructura corría peligro de derrumbe, el empleado, quien admitió trabajar en negro, reconoció que
"siempre" se tuvo en cuenta esa posibilidad.
Estas declaraciones refrendan lo que más temprano había indicado el abogado de la familia de
Ariana Lizarraga, una de las dos jóvenes muertas en el lugar, quien había indicado: "
En el boliche se sabía que había riesgo de derrumbe y eso puede ser un crimen".
El dueño del local,
Juan Carlos María Yun, se presentó de manera voluntaria a declarar en la comisaría 25º, donde
quedó demorado.
El empleado señaló que el
derrumbe se produjo "una hora después de que tocara la banda Ráfaga" cuando
en el local se hallaban unas "400 personas" y en el entrepiso "alrededor de 80".
Además, Gonzalo desminitió algunas versiones que habían circulado en las últimas horas. Por un lado,
señaló que el entrepiso del local estaba hecho de "fibra de cemento" y no de madera, como se había indicado en un principio.
Por el otro, remarcó que, al momento del derrumbe,
las personas que se encontraban en el entrepiso "no estaban saltando", debido a que el recital "había terminado hacía una hora".