Otra vez, ladrones despertaron a los integrantes de una familia mientras dormían apuntándoles con armas en sus caras. Ocurrió en una casa del country Golf Club Argentino
Eran cerca de las 4:30 cuando Juan Negri y su mujer despertaron de la peor forma y el terror los paralizó durante una hora. Dos delincuentes habían ingresado a la vivienda y los apuntaron con armas de fuego en sus caras.
El hecho ocurrió el 19 de febrero, aunque recién trascendió ayer. Según el relato de las víctimas, dos hombres, uno con una pistola y otro con un arma blanca, irrumpieron en el inmueble de dos plantas ubicado en un country de la zona norte, con guardia permanente, muro perimetral de varios metros de alto, coronado por seis hilos electrificados, barreras y control de accesos, tarjetas magnéticas de identificación, cámaras de seguridad, y rondines que recorren las calles internas.
"Al levantarnos, los vimos más de cerca: eran no demasiado altos, vestidos rigurosamente de negro y a cara descubierta. Quizá tan asustados o desesperados como nosotros, pero por razones distintas", comentó la mujer al diario La Nación.
Los encerraron en el baño y a los gritos les pedían dinero. Mientras los ataban con corbatas y cinturones, amenazaban con hacerles daño a la madre y a la suegra de la mujer, ambas mayores de 80 años.
"Luego de atarnos, uno bajó a buscar a nuestras madres, mientras el que quedó con nosotros nos obligó a meternos en la bañera. Logré desatarme, pues los nudos eran rudimentarios, y en un susurro le dije a Teresa, mi mujer, que yo estaba a punto de saltar sobre el ladrón, aprovechando que estaba solo y la casi absoluta oscuridad que nos rodeaba. Me prohibió hacerlo, y quizá me salvó la vida en ese instante", recordó la víctima.
Pasó una hora, y mientras los delincuentes terminaban de revolver toda la casa, bajaron precipitadamente, aunque pretendieron dejar encerrada a la pareja en el baño, pero la puerta no podía cerrarse con llave desde afuera.
"En segundos nos desatamos. Bajamos rápidamente. Los ladrones se habían olvidado de llevarse el teléfono de la cocina, y desde allí llamamos a la vigilancia. Eran las 5:30. El 911 no respondió: una grabación me repitió hasta el cansancio que ese número era el de la central policial, pero nada más que eso", lamentaron las víctimas.