Ayer, el 60% de los clubes con accesos al río y de playas públicas y privadas cerraron sus puertas. Temen que la situación se prolongue durante todo febrero
La bajante en el Río Paraná ya es un tema instalado en la sociedad argentina y sus consecuencias comienzan a sentirse. Mientras que Miguel Lifschitz, intendente de Rosario, afirmó en Radio 10 que hasta el momento "no hay ninguna dificultad" por el descenso de las aguas del Paraná, pero consideró que podría ser un riesgo si la situación se acentúa "en un futuro", varios balnearios han cerrado sus puertas.
De hecho, ayer, el 60% de los clubes con acceso al río y de las playas públicas y privadas permanecieron cerrados, al igual que las guarderías de embarcaciones, ya que las zonas presentan precipitadas barrancas donde podrían caer los visitantes.
Por este motivo, y ante la gravedad de la situación, las autoridades municipales rosarinas determinaron medir la altura del río tres veces al día.
A su vez, el Instituto Nacional del Agua (INA) señaló que las condiciones en caso de que no se produzcan precipitaciones que modifiquen la situación actual, la tendencia al descenso de las aguas podría continuar hasta marzo, lo que enciende la alarma.
Por su parte, Raúl Rainone, titular de Defensa Civil de Rosario, indicó que "los análisis que nosotros recibimos están basados en las cuencas altas. Al bajar las cuencas altas, no hay posibilidades de que acá crezca. De no cambiar las condiciones en dos semanas estaremos, seguramente, debajo del metro", publicó un matutino porteño.