"Bullying": cuando la violencia en la escuela se vuelve intolerable
¿Cómo descubrir si su hijo es víctima de acoso escolar? Las respuestas de un sociólogo a Infobae.com
Los medios de comunicación y el acceso de los menores a las nuevas tecnologías hicieron que todos tomemos conocimiento de algo que, al parecer, ocurre desde tiempos inmemoriales.
Infobae.com habló con el sociólogo español Jonatán Pozo antes de la conferencia que dio sobre bullying: "Cómo ayudar a nuestros hijos ante el acoso escolar", en Olivos.
¿Qué es el bullying?
Bullying es una situación de abuso de poder entre iguales, que se manifiesta en comportamientos violentos, que son intencionados y que se repiten en el tiempo.
Una de las grandes dificultades a las que nos enfrentamos para hacer frente al acoso es que resulta difícil detectarlo. Normalmente, la víctima no dice lo que le está pasando. Debemos comprender lo duro que resulta confesar el sufrimiento tan cruel e injusto que le producen sus propios compañeros. Es algo que afecta a su autoestima y que lo aísla del grupo de iguales. La otra dificultad es que los adultos no siempre interpretamos bien lo que sucede porque no le damos la importancia y el sentido que tiene.
¿Cuál es la causa?
No hay una causa única. Lo que sí está claro es que la familia tiene un gran peso en todo esto, para bien o para mal. Por eso, si en el hogar los conflictos se resuelven a través de la violencia, si el padre y la madre hacen una supervisión escasa del hijo o de la hija, si el afecto no se expresa entre los miembros de la familia, si las normas no son claras y coherentes, si hay demasiada permisibilidad o todo lo contrario, si la disciplina es demasiado estricta y física… entonces la probabilidad de que la violencia sea una forma de relacionarse con los demás es muy, muy alta.
¿Es un fenómeno propio de estos tiempos o existió siempre?
Hoy existe una mayor conciencia social porque se ha hecho más visible a través de los medios de comunicación. Algunos lo están tratando bien. Otros, más que informar buscan puro espectáculo morboso.
Existe. Siempre ha existido. Y se produce en todas las escuelas, públicas y privadas.
¿Ha crecido la violencia en las aulas en este último tiempo?
No hay datos para afirmarlo. De lo que sí estoy seguro es que ha crecido la conciencia de que la violencia en la escuela es intolerable, y también ha crecido el deseo y el interés de prevenirla y abordarla.
Sin embargo, no hay que estimular la alarma social con mensajes que desfiguran la realidad y asustan a la ciudadanía.
Hay que afirmar que contra la violencia se puede luchar si empezamos desde la escuela infantil y mejoramos la calidad de nuestros entornos educativos y nuestras pautas de crianza en el hogar.
¿Qué formas de acoso escolar existen?
Podemos distinguir seis manifestaciones del bullying. En todas ellas está implícito el maltrato psicológico.
Exclusión: Ignorar a una persona asilándola, para que no pueda participar en las interacciones con el resto del grupo. Esa suele ser la primera estrategia del agresor: aislar a la víctima para asegurarse de su superioridad para acto seguido, intentar dominarla o someterla.
Agresiones verbales: Insultos, burlas, ridiculizaciones… Pueden ser desde cualquier tipo de hándicap o discapacidad, la pertenencia a una minoría étnica o religiosa, o incluso una cualidad positiva que posea, como por ejemplo ser brillante en los estudios o llevarse bien con los adultos.
Agresiones contra sus propiedades: Robar cosas, esconderlas, estropearlas…
Agresiones físicas: Empujones, golpes…
Coacciones: exigirle que haga algo en contra de su voluntad. Suele ser frecuente que le pidan dinero, que realice trabajos escolares o someterle a participar en situaciones que no desea.
Acoso sexual: Puede ser verbal mediante palabras que ofenden sexualmente, o bien forzando a participar en situaciones de carácter sexual.
Una variante más sofisticada es el acoso que se hace a través de Internet (mensajería instantánea, correo, foros, blogs, fotolog… y que se denomina Ciberacoso), o desde el teléfono celular.
¿Cómo podemos descubrir si nuestro hijo o hija está siendo acosado?
El miedo y la vergüenza impiden, en muchas ocasiones, que los niños y adolescentes hablen de ello con su familia. Si su hijo o su hija le ha contado lo que le pasa es que tiene mucho valor. A nadie le gusta mostrarse vulnerable. Si esto no sucediera, éstas son posibles señales de alarma que deben tener en cuenta:
• Si su ropa, libros u otras pertenencias están rotas o le faltan.
• Si presenta golpes o cortes.
• Si sufre cambios de estado de ánimo. Parece triste, lloroso o deprimido.
• Tiene pocos, o ningún amigo, para su tiempo de ocio.
• Parece nervioso, irritado. Tiene problemas para dormir o pesadillas.
• Pierde el apetito.
• No quiere asistir a clases y para ello simula sentirse enfermo.
• Se queja de dolores de cabeza, de estómago u otras dolencias.
• Pierde el interés en los estudios y baja su rendimiento académico.
Hay que tener en cuenta que estos síntomas pueden aparecer por muchas otras causas. Es imprescindible hablar con él o con ella para saber qué está sucediendo. Sabemos que hablar con un hijo en edad adolescente no es fácil. Pueden ser ariscos, celosos de su intimidad y experimentar continuos cambios de humor debido a la etapa por la que están pasando. Pero es lo primero y más importante que debe hacer, hablar con él o con ella de forma calmada y afectuosa respetando sus sentimientos y sus reacciones aunque no nos gusten.
¿Qué se puede hacer por las víctimas y por los agresores?
Éste es uno de los trabajos más importantes que tienen por delante las escuelas.
En primer lugar, es fundamental lograr que se detecten a tiempo los casos y sepan tratar el tema, a las víctimas y a los agresores.
No se nos puede olvidar que es más fácil que un niño agredido supere esta situación que cambiar la conducta del agresor. Con estos niños y jóvenes hay que hacer un trabajo muy serio para atajar la violencia de su conducta.
Pero el bullying tiene tres actores y muchas veces olvidamos al principal, que es el espectador. Porque el bullying es un fenómeno grupal y su abordaje grupal es la mejor manera de enfrentarlo. Enseñar al grupo a rechazar la violencia, darle herramientas para resolver los conflictos, ayudarle a desarrollar la empatía, el respeto mutuo, etc. Son las claves para prevenir y afrontar el acoso escolar.
Todo ello requiere que la escuela tenga en marcha una buen programa o política antibullying y de mejora de la convivencia.
¿Están los y las docentes preparados para afrontar fenómenos como el acoso y las situaciones de violencia que se producen en algunos centros?
El acoso escolar es una manifestación de la violencia social. En los centros hay violencia porque nuestra sociedad es violenta. Esto es una obviedad, pero conviene recordarlo.
Desde luego que el tratamiento tradicional que se ha hecho de la violencia entre escolares, más concretamente del acoso, resulta insuficiente. Deja a las víctimas sin la ayuda que necesitarían para salir de la situación, lo que representa un apoyo implícito. Esta falta de respuesta está relacionada con la forma tradicional de definir el rol del profesorado, especialmente en secundaria, orientado de forma casi exclusiva a impartir una determina materia.
Es necesario que haya un cambio de paradigma en la profesión, y eso requiere información, formación… apostar por la educación como eje del desarrollo del país.
Es necesario respaldar a los docentes para prevenir el bullying y dotar a las escuelas de recursos y profesionales, y derivar los casos graves.
¿Qué pueden hacer las escuelas para hacerle frente al bullying?
Trabajar desde la prevención. Hacerlo de forma transversal, desde todas las materias… Porque si no hay una buena convivencia en la escuela, si hay miedo en los alumnos y en los docentes… no habrá ni calidad educativa, ni igualdad de oportunidades.
Las escuelas han de garantizar la seguridad de los alumnos, y también de los adultos que trabajan en ellas. Eso necesita de una planificación, de un análisis de la situación, requiere herramientas y protocolos de intervención… en definitiva un plan de acción, una política antiviolencia.
Todo eso no se logra con una charla o con un seminario de capacitación. Requiere una política y un presupuesto que la sustente. El problema no es los recursos sino la voluntad política. Las prioridades de los gobiernos se reflejan en el reparto del presupuesto.
¿Qué pueden hacer las familias para ayudar a sus hijos?
Sobre todo deben hablar mucho, en profundidad y con afecto, con sus hijos. Hay que afrontar sin tapujos las relaciones interpersonales entre los propios escolares, conocer cómo hacen amigos y cómo se sienten en los grupos.
La intervención del papá y la mamá son determinantes. Los estudios demuestran que el comportamiento hacia sus hijos y su estado emocional son elementos importantes que pueden predecir la aparición de conductas violentas en los chicos y chicas.
Las familias necesitan recursos, no acusaciones. La educación de los hijos en los tiempos que corren no es nada fácil. Por eso no sería una mala idea promover las escuelas para padres y madres, leer sobre el tema, buscar ayuda porque prevenir y reducir el acoso es posible, y la clave del éxito comienza en la familia.
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