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Miercoles 25 de Noviembre
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La historia del banquero amigo de San Martín

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Los últimos años de vida del Libertador en Europa no fueron en soledad: estuvo acompañado por un misterioso hombre, el "más rico de Francia", que alivió sus penurias económicas y le dejó una importante herencia

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Alejandro Aguado


 
Don José de San Martín, ya retirado de la vida militar activa, decidió en 1830 exiliarse en Europa junto a su hija Merceditas. Luego de conseguir -gracias a un pasaporte diplomático otorgado por el presidente de la República Oriental, el general José Rondeau- un visado para viajar a Bruselas, pudo instalarse en Francia.

Allí, varios conocidos le hablaron de un tal Alejandro Aguado, un hombre al que los diarios franceses describían como el "banquero del rey de España", "el hombre más rico de Francia", y resaltaban sus fabulosas y discutidas obras de ingeniería financiera.

A fines del 30 comenzaron para San Martín los problemas económicos. Dejó de llegarle la pensión del gobierno del Perú y su cuñado y apoderado en Buenos Aires, Manuel de Escalada, quebró. Pero, afortunadamente para él, salió a su rescate un "comerciante honrado", como llamó en una carta al general peruano José Rivadeneira. Se trataba de Aguado.

En ese momento comenzó una estrecha relación, que se transformó en una amistad íntima cuando el banquero alojó en su casa, en 1832, a un general con una fuerte "enfermedad gástrica intestinal". A pesar de que ambos aseguraban haberse conocido con anterioridad, en los campos de batalla, Armando Puente, autor de Alejandro Aguado. Militar, banquero, mecenas, cotejó datos y sugirió que, tal vez, el Libertador lo estuviese confundiendo con el primo de Aguado, Carlos, del regimiento Borbón.

Cuando Merceditas se casó y viajó de vuelta a Buenos Aires, San Martín comenzó a frecuentar las reuniones sociales que organizaba el banquero, en el Palacio de Daugny, con importantes figuras de las finanzas, el arte y el ejército. También asistían juntos a la ópera y daban paseos a caballo. Hacían público el aprecio y la admiración que se tenían.

Imprevistamente, Alejandro Aguado murió en 1842 en Gijón, donde había ido a inaugurar una ruta de peaje que unía sus minas de carbón con el puerto de esa ciudad. Seis días después le llegó la noticia a San Martín, quien de inmediato se hizo cargo de la viuda y los hijos.

El banquero, previsor, ya había nombrado al Libertador como albacea testamentario y tutor de sus hijos hasta la mayoría de edad. También le dejó sus joyas personales y 30 mil francos, publicó el diario Ámbito Financiero. 

San Martín se hizo cargo de la venta de algunas propiedades de su amigo, además de ordenar sus cuentas y destinar el dinero necesario para la manutención de la ex bailarina Alexandrina Fijan, con quien el fallecido tenía un hijo. Esta tarea le llevó tres años.

Puente comenta en su libro que, cuando todo estuvo arreglado, se tomó unas largas vacaciones en Italia, para luego volver a Francia y morir, el 17 de agosto de 1850.

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