09-04-08 | General

Le ofrecieron una fortuna por su bar pero ganó el recuerdo

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Emilio Sangil, de 78 años, tiene un comercio ubicado en una de las esquinas más codiciadas de Palermo Hollywood, pero no lo vende por "nada". Rodeado de comercios fashion, "el gallego" se convirtió en una institución del barrio

Le ofrecieron una fortuna por su bar pero ganó el recuerdo

Sangil llegó al país en la década del 50 junto a otros tantos inmigrantes que en aquellos tiempos también eligieron a la Argentina como una alternativa para escapar de la miseria y la guerra.

Después de alquilar distintas viviendas, en el 78 se decidió a comprar su bar en la esquina de Honduras y Bonpland, en el barrio de Palermo. En ese momento, el paisaje de la zona estaba compuesto por casas bajas, talleres y frigoríficos. Los obreros que trabajaban en los alrededores eran los principales clientes que consumían en el bar del gallego.

Pero unos 30 años después, ese mismo barrio se transformó en el lugar preferido de los canales de televisión, las productoras de cine, artistas y locales de indumentaria de diseño, por lo que fue catalogado como “Palermo Hollywood”.

La esquina de Sangil pasó a ser uno de los locales mejor ubicados del área, no sólo por ser una zona de alto consumo sino porque, justo al lado, se encuentran el canal América 2 y varias radios.

En la década del 90 un famoso empresario le ofreció 800.000 dólares por el local y Sangil no lo aceptó. Los vecinos aseguran que el gallego le dijo: “Antes de venderle este bar a usted, le hago una plaza a los pibes del barrio”.

“El empresario me llamó y yo de caprichoso no quise aceptar ni una entrevista”, cuenta Sangil. “Quizás fue una equivocación para mí y para mi familia…”, reflexiona.

Sin embargo, cada tanto se acerca alguno que otro inmobiliario que no conoce la anécdota para averiguar si está en venta el local, pero la respuesta es siempre negativa. “Ya tengo 78 años, no tengo interés de vender, a esta edad no quiero más aventuras”, aseguró y agregó: “Ya me siento rendido acá”.

Su hijo, Emiliano, explicó el que es tal vez uno de los motivos centrales de la negativa a dejar ese lugar: “Mi padre es un hombre trabajador, no lo quiere vender porque es su trabajo. No se imagina quedarse sin hacer nada y recibir plata, por ejemplo, de un alquiler”.

Por su parte, Alicia, vecina de enfrente, aseguró: “Si le sacás el bar al gallego lo matás, él podría quedarse en su casa tranquilamente, pero prefiere trabajar”.

Sangil calificó el bar “como una parte de su vida”. Claro, allí trabajan sus hijos junto a él y es el punto de encuentro con los “muchachos”.

Mientras los bares de los alrededores cambian de dueño constantemente y son remodelados acorde al diseño de moda, el local del gallego sufrió apenas unas mínimas refacciones desde su apertura.

Ingresar en al local es como entrar a un retrato de las viejas costumbres. Las gaseosas son en botellas de vidrio, la vajilla es de metal y aún mantiene los viejos ventiladores que se colocaron en su apertura.

Y no es el único
Su vecina Alicia está en una situación similar al “gallego”. Si bien nunca nadie se le acercó con una oferta tan alta, son muchos los interesados en su comercio, ubicado en la esquina de enfrente. Sin embargo, ella tampoco está dispuesta a venderla.

En Tienda La Perla se venden camisetas, medias y pijamas, entre otras cosas. La abrió Sergio, su padre, antes que el bar del gallego y todo está tal cual al día de su apertura, desde las estanterías (cada una de ellas realizadas por su papá) hasta el cartel del local.

“No me interesa vender, no tengo necesidad. Esta es una tienda de barrio y va a seguir siéndolo. Cada tanto aparece algún descolgado preguntando a cuánto vendería la propiedad. Pero no me importa la plata. Es un negocio de familia. Tengo que estar en bancarrota para hacerlo”, insiste.

Y agrega: “Mucha gente que nos conoce de años nos dice ‘sigan aguantando, no se vayan’. Es que ya no existen tiendas como estas”.
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