Hace cuatro años, varios espacios verdes porteños fueron enrejados para evitar la inseguridad. Pero la mayoría de ellos permanecen abiertos por la noche porque bandas de jóvenes y personas que duermen allí lo impiden

A cuatro años de que plazas, plazoletas y parques de la Ciudad fueran enrejados para protegerlos de la inseguridad y el vandalismo, vecinos afirman que es imposible cerrarlos durante la noche, porque bandas de jóvenes y personas sin techo amenazan a los cuidadores e impiden poner los candados.
Según estiman las personas que viven en las cercanías de los espacios verdes, la única salida sería destinar un grupo de policías para que, cada noche a las 22, se acerque a las 71 plazas protegidas y obligue a los ocasionales ocupantes a abandonar el lugar para poder cerrarlo. Esto funcionó la semana pasada, pero sólo por una noche, cuando los vecinos de la Plaza Monseñor D'Andrea (ubicada en Córdoba y Jean Jaurés, en Recoleta), a fuerza de un petitorio presentado al CGP Nº2, lograron que efectivos cerraran la reja.
Afirman que los jóvenes por la noche gritan, tocan música, consumen alcohol y drogas y rompen los juegos, además de intentar asaltar a los que pasan por el lugar.
Carlos Tramutola, subsecretario de Espacio Público de la Ciudad, explicó que las personas de mantenimiento contratadas en principio para cerrar las rejas por la noche eran amenazadas cada vez que se presentaban a realizar esta tarea. "Es cierto que las rejas no son lo mejor, pero si ni siquiera se las puede cerrar ya pierden sentido totalmente", declaró al diario Clarín.
El funcionario señaló que la única salida posible es coordinar esta actividad con la Policía, ya que ni la instalación de cámaras de seguridad ni un mayor control impiden que la gente se junte en las plazas y se quede por la noche.
Casos testigo
Dos plazas de la Ciudad funcionan como ejemplos de la situación de inseguridad que impide la protección durante la noche. Una de ellas es la 1º de Mayo, ubicada en Pasco y Alsina. A pesar de las rejas, es evidente la situación de abandono. La gente sin techo se queda allí, durmiendo en los bancos o bajo los árboles, junto a sus pocas pertenencias.
Es distinta la situación del Parque Centenario. En mayo de 2005 comenzó un proceso de remodelación, en el que la Ciudad invirtió $16 millones. En septiembre de 2006 se produjo la inauguración de la primera etapa, que incluyó un lago limpio, parquización, una isla biológica, nuevos juegos, bebederos y baños. Pero a lo pocos días el deterioro era evidente: la basura y el descuido estaban a la vista. En este espacio verde no hay rejas.