Tras el secuestro de Pilar Bauza Moreno, la mirada de los argentinos se volcó al trabajo de compatriotas en el lugar. El ejemplo de María Eugenia Serbassi, una pediatra que contó a Infobae.com cómo es llevar vida al lugar donde ésta poco importa
Cuando la médica María Eugenia Serbassi estaba estudiando en la facultad, el sueño de viajar a África era más que recurrente en su afán por ayudar a los demás. Las imágenes de niños hambrientos y sus madres desesperadas ayudaban aún más a que este anhelo no quedara en el olvido.
Así fue como, en 2006, la pediatra de 35 años se alistó en la organización Médicos Sin Fronteras para concretar su sueño. El primer viaje no fue fácil, ella lo sabía desde un principio, pero nunca se arrepintió: aplicó todos sus conocimientos y vocación en Angola, lugar en donde se desataba una fuerte epidemia de cólera.
La prueba fue superada, pese a toparse con la pobreza extrema, los conflictos civiles y la muerte en carne propia. Pero estos factores no pudieron reducir lo que la médica llama "regalos para el alma". "Toda la gente a la que uno ayuda es muy agradecida, uno tiene que ver cómo se les ilumina la mirada a los padres, y a los más chicos, cuando los atendés. Es muy emocionante", afirma María Eugenia a Infobae.com desde su Rosario natal.
Este primer viaje ayudó a que la pediatra reafirmara su necesidad y vocación por ayudar. Ya estaba preparada para lo que sería su gran experiencia, la esperaba Somalia, un lugar en donde las guerra entre clanes, y a su vez sub clanes, deja muertos y heridos diarios, sin contar que los sistemas básicos de salud y seguridad están totalmente devastados. Pensar en una estructura educativa sería pensar en una utopía.
Hacia Somalia
El proyecto de esta integrante de Médicos Sin Fronteras no era fácil: tenía la responsabilidad de abrir un centro hospitalario en un lugar totalmente devastado por el conflicto civil en donde no había asistencia médica en 400 kilómetros a la redonda.
"El hospital que teníamos que abrir había estado cerrado por 9 años -relata la médica- lo primero que teníamos que abrir era el área quirúrgica para los heridos de guerra pero luego se empezaron a atender las necesidades de salud a todos los niveles".
Mientras relata las tareas que tenía que llevar a cabo, la profesional comenta que no tenían enfermeras en un primer momento, y que los únicos médicos que se encontraban en el lugar era el grupo reducido de Médicos Sin Fronteras. La ayuda de los locales comenzó a llegar luego de que la población los aceptara como parte de su sociedad.
"Cuando ellos te aceptan, está todo perfecto, si esto no se produce es mejor alejarse", relata la pediatra y añade que "fue tan fuerte el efecto que tuvo la llegada de los médicos a la zona que llegaban de cualquier lugar para ser atendidos". "Ellos sabían que iban a tener asistencia, por eso caminaban, en algunos casos, más de 100 kilómetros para llegar. Esa otra de nuestras preocupaciones", señala.
Caras tristes, corazones agradecidos
De las imágenes que quedaron en la mente María Eugenia Serbassi, los adjetivos se dividen en dos, tristeza y bondad. "Me llevé las caritas tristes de desnutrición, pero también las de agradecimiento, son regalos para el alma", recuerda la pediatra mientras comenta que su próxima misión será en Uganda.
"Al principio, los chicos que recibís apenas pueden moverse por su estado, no pueden esbozar un gesto, tienen una expresión muy triste, y la mamá está re preocupada. Pero luego cuando ves que se les llenan las mejillas, y las madres también empiezan a sonreír, te das cuenta que es algo impagable, algo que te llena el corazón. La gente es muy agradecida", agregó.
La pediatra afirma que pese al clima de constante conflicto que vive el país africano, todavía quiere regresar. "Yo sé que algún día voy a volver a Somalia", afirma entre ansiedad y esperanza una profesional que se atrevió a realizar su sueño, su anhelo de cambiar un poquito el mundo.